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En el mundo del trabajo nunca se deja de aprender

Nunca se recogió más dinero en impuestos y en préstamos, como nunca se vio menos obra ni menores beneficios para la población. Pero que se llenan la boca alabándose a sí mismos es una realidad

Lo que caracteriza al mundo del trabajo --el del comercio y los intercambios, de los servicios, el que fabrica, siembra y cosecha, en donde impera el mandato bíblico de “ganarás el pan con el sudor de tu frente”--, nunca se deja de aprender, siempre hay que mejorar, corregir, finalizar y buscar nuevos caminos.

A muchos, en algún momento de sus vidas, les hacen creer que de pronto son dueños de la verdad, que no es el género quien va a guiarles y enseñarles, sino que toca a ellos dictar al resto cómo deben vivir y actuar como pretenden los rojos criollos.

Pero la realidad es que “camarón que se duerme se lo lleva la corriente” siendo ese dormir no aprender, enmendar, discutir con otros, buscar experiencias que mejoren su criterio, buscar quién les muestre otros caminos.

Al hablar del desastre del Sitramss, hace un par de días, señalamos que el grave problema reside en la incapacidad de los rojos para analizar, rectificar, debatir y, en el proceso, aprender. Simplemente se creen dueños de la verdad y, por lo mismo, suponen que nadie puede tener una mejor idea.

Y esto se puso de manifiesto en un “conversatorio” con sindicalistas, en el que se dice que funcionarios se dedicaron a insultar a las AFP, como si los insultos y las acusaciones fueran argumentos que justificaran que los que están en el poder se queden con los ahorros de los trabajadores.

En el mundo del trabajo nunca se termina de aprender, no solo debido al cambio constante de las condiciones en que se labora, nuevos productos y competidores, cambios en las demandas del público o de la moda, cambios demográficos o de la economía, sino también debido a nuevas tecnologías que, en muchos casos, se deben introducir y, además, pagar por ello.

Nunca se recogió más dinero y nunca hubo menos obra 

Esa necesidad de cambiar y de costear esos cambios se está viendo entorpecida por la creciente presión tributaria al país, que reduce, en gran medida, la competitividad de la industria, los servicios y las exportaciones del país.

Las empresas y actividades sufren al ser exprimidas de esa manera y contar con menores recursos para mantenerse a flote, como también los trabajadores salen muy afectados cuando sus empresas son menos competitivas y se pueden reducir, cortando empleo, o desaparecer. A esto se suman los efectos que esa menor capacidad para innovar tiene sobre el público, que enfrenta menos acceso a nuevas corrientes de consumo y a nuevos o mejorados productos.

Como decimos, ningún productor cree que lo sabe todo o lo puede todo, lo que le obliga a consultar, informarse, aprender y discutir. Y tiene que discutir porque es la única forma en que se depuran procedimientos o estrategias, además de incrementar el conocimiento de los que manejan el esfuerzo.

Lograr ganancias es una señal de eficiencia y de conocimiento, además de ser fruto de estar al día.

Por otra parte, los contribuyentes, que en una u otra manera somos todos, se lamentan de que lo recaudado se despilfarre, que vaya a parar a bolsillos de sinvergüenzas y que dejen muy poco de provecho para la gente y para el país.

Nunca se recogió más dinero en impuestos y en préstamos, como nunca se vio menos obra ni menores beneficios para la población. Pero que se llenan la boca alabándose a sí mismos es una realidad.