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Muestran que no tienen ni idea de la moral y la sensatez

Hay gestiones municipales que hacen propaganda personal con dineros municipales, como se vanaglorian por obras que no son obras sino gestos sin contenido real. Al mismo tiempo callan lo que son sinvergüenzadas.

Sorprende cuando un alcalde no encuentra nada censurable el valerse de métodos sórdidos para atacar a oponentes, herir a los que considera adversarios, desinformar, difamar e insultar.

A ello se agrega el estribillo con que los dirigentes del partido oficial creen silenciar a sus críticos: quienes no piensan como ellos ni se pliegan a sus causas y métodos es porque están al servicio de las oligarquías, o son una caja de resonancia de lo que esos supuestamente grandes y siniestros manipuladores dictan.

La actitud recuerda una secta que se propagó en los primeros tiempos de la Era Cristiana, el maniqueísmo, que todo lo veía como una lucha entre extremos: negro o blanco, bueno o malo, luz o tinieblas.

Como ahora los rojos, los talibanes y los del ISIS: o estás conmigo o contra mí: comunista o lacayo del imperialismo, talibán o infiel al que hay que exterminar. Nada de matices ni medias tintas ni otros senderos...

Nada de racional, de encontrar otras posibilidades, de ir tras nuevas verdades, de descartar lo que ya no encaja con el paso del tiempo.
Pensar es lo esencial de despetrificarse, reconocer que lo que pudo ser aceptable en 1848, cuando Marx lanzó su manifiesto comunista con todas las tonterías que el llamado socialismo mantiene al día de hoy, lo ha descartado la modernidad, como las carretas han casi desaparecido en El Salvador.
 

El cambio es muy importante
pero no el de los ladrones

   

La idea de que el capitalismo se apoya en la pobreza se estrella contra la realidad de las naciones capitalistas y las dictaduras comunistas. En las primeras y aún durante los momentos en que los mercados se corrigen, lo usual es la abundancia, la innovación, el colorido y la movilidad; en las segundas la norma es la escasez, los racionamientos, las colas para obtener bienes, el derrumbe físico de las ciudades.

La prosperidad es tanto el fruto de la innovación, como la innovación es el resultado de discutir, probar, corregir, cometer errores, alcanzar éxitos, aceptar los fracasos y premiar los éxitos. Son las sociedades abiertas al cambio, pero el cambio no de farsantes y de ladrones, sino el cambio que resulta de ir descartando lo que fracasa y ensayar otras soluciones.

Hay gestiones municipales que hacen propaganda personal con dineros municipales, como se vanaglorian por obras que no son obras sino gestos sin contenido real. Al mismo tiempo callan lo que son sinvergüenzadas, como es otorgar a socios y compinches contratos que debieron haber sido licitados para encontrar las mejores opciones, siguiendo, por cierto, la escuela que sentó una gestión roja de San Salvador cuando se compraron a dedo camioncitos chatarra y encima de eso se mantenían ejércitos de activistas del partido.