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¡Miren quiénes se ufanan de estar abiertos al diálogo!

Intención de apartarse de su agenda --para lo cual precisamente sirve un grupo que parlamenta-- no la hay, lo cual sólo le deja dos alternativas a la gente: o te unes o te separas, y al separarte, eres un enemigo. 

En un arranque de buen humor, voceros del oficialismo dijeron que “organismos internacionales” calificaban de muy buena su disposición al diálogo, lo que choca frontalmente con lo que viene siendo la experiencia que aquí se padece.

Un caso es el de la Comisión Interpartidaria, donde se habla mucho sin llegar a nada y los oficialistas pontifican, se dan largas a todo...  mientras los que capitanean el comunismo fijan el objetivo clave: combatir a lo que llaman la “oligarquía neoliberal”, su propio invento.

Intención de apartarse de su agenda —para lo cual precisamente sirve un grupo que parlamenta— no la hay, lo cual sólo le deja dos alternativas a la gente: o te unes o te separas, y al separarte, eres un enemigo.

Es imposible discutir con iluminados que se creen dueños de la verdad. Los talibanes no admiten —y son capaces de matar si se les objeta alguno de sus dog-     mas—, al igual que actúan los budistas radicales, miembros de ciertas sectas fundamentalistas y los militantes del comunismo.

Inclusive la realidad los estrella contra sus mismos dogmas —el caso visible es el derrumbe de las ciudades en países comunistas—, pero nada les hace rectificar, como no iba Stalin a rectificar la imposición de las granjas colectivas y la resultante hambruna.

Siempre hay esperanza de que algunos entre ellos miren el desastre y admitan “haber cometido errores” y acepten sentarse a analizar o siquiera a hablar, aunque corran el riesgo de que luego los tilden de “revisionistas”.

Parte del problema es que creen en su propaganda sabiéndola falsa, como cuando el vocero oficialista se queja de que no se acepten “los logros alcanzados”, aunque todos se pongan a buscar dichos logros sin encontrarlos.

A lo anterior se suma la acusación de que FUSADES, ANEP, los productores y la gente de trabajo “están ideologizados”, aunque sus planteamientos y propuestas no se basen en dogmas ni en medias verdades, sino en ideas, argumentos, cifras y realidades, las que la gente ve cotidianamente con sus ojos.

Las entidades representativas del sector productivo son muy claras respecto al sistema de organización social que apoyan y que sustenta sus posiciones: se identifican con lo que rige y mueve al mundo libre, a las grandes democracias, a lo que son las esplendorosas tradiciones de la Civilización Occidental.
 

Todos quieren irse con el capitalismo,
nadie quiere irse a Cuba  

Y lo que la mayoría de la gente, hasta los comunistas, lo admiten, es que todos los cubanos y el noventa por ciento de los salvadoreños quisieran irse a vivir a Estados Unidos, pero son rarísimos los que anhelan mudarse a Cuba o a Venezuela.

Es que sin necesidad de machacarle a la gente dogmas, eslóganes, gritos de batalla, etc., el mundo occidental y El Salvador a la par, funcionan básicamente sin tropiezos. Las comunidades tienen acceso al agua, a servicios elementales, a transportes seguros, a buenos empleos. Y hasta que ellos tomaron el poder, el país no sólo pudo reconstruir los destrozos causados por los golpistas y la guerrilla, sino también logró buen crecimiento y ubicarnos como país del Segundo Mundo.

Cada uno de nosotros debe preguntarse: ¿Estamos mejor ahora que hace veinte años? ¿Y qué con la corrupción?