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A millones de personas quieren quitarles su trabajo

En Cuba y la despanchurrada Unión Soviética los vendedores, comerciantes, productores, gente de servicio, desaparecieron o fueron ejecutados por los rojos

Lo opuesto al mercado, al mercado real en que todos participamos día a día comprando, vendiendo, intercambiando e informándonos, es el cupón de racionamiento, depender de lo que otros por encima de nosotros, los padrinos de una sociedad, quieren darnos, quieren que comamos, quieren que vistamos.

¿Qué quiso decir un marxista radical, aunque todo marxista por ser parte de los rojos es radical, con eso de proponerse "quebrarle el buche al neoliberalismo… amarrarle las manos al mercado, recuperar al Estado"?

Ninguno de nosotros vio alguna vez al señor mercado sentado en su trono, ni menos tiene la posibilidad de "quebrarle el buche". Pero todos somos parte de mercados: allí compramos, vendemos nuestros servicios, allí recibimos nuestros alimentos y nuestra vestimenta, sea en el mercado del pueblo, en las aceras de San Salvador, en los centros comerciales, en lo que se vende y se compra por la Internet.

La gran virtud del mercado, su dinamismo y su capacidad para adaptarse a lo bueno y lo malo, a la escasez y a la abundancia, es que se basa en las decisiones de billones de personas, las que al escoger, que es un acto de libertad, dan rumbo y fijan precios momentáneamente.

La alternativa a los mercados es un grupo de burócratas fanáticos que quiere imponernos lo que para él es lo que queremos y nos conviene.

La amenaza no es contra ese señor mercado que vive en las nubes, sino contra las vendedoras ambulantes de Cojutepeque, contra los dependientes de los almacenes de Galerías, contra los pequeños negocios de Ciudad Barrios, contra los que transportan mercaderías por carreteras y caminos, contra los que empacan y embodegan mercaderías para vender.

"O tú escoges lo que te gusta o deciden y escogen por ti"

En Cuba y la despanchurrada Unión Soviética los vendedores, comerciantes, productores, gente de servicio, desaparecieron o fueron ejecutados por los rojos.

Y en vez de que cada persona vaya a las tiendas, a los comercios, a las aceras a comprar lo que le guste y en la cantidad que desea, tiene que ir a los dispensarios del gobierno con su libreta de racionamiento a recibir lo que otros disponen que reciba, casi siempre después de estar haciendo "cola" por varias horas.

Y hacer "cola", la característica del socialismo, es una forma de tener a la gente amarrada, sumisa. En Cuba, cuando alguien en la "cola" protesta, los del dispensario insultan a todos y cierran la ventanilla.

Por tanto, nadie se queja.

El comunista quiere "quebrarle el buche" al mercado porque nunca se tomó el cuidado de averiguar los esfuerzos y sacrificios que hacen vendedores, empleados, comerciantes, transportistas, para estar a tiempo en sus puestos de venta.

Como fanático que confunde la realidad con las imágenes que lleva en la cabeza, desconoce el duro trabajo que se hace para ofrecer lo que la gente quiere, para salir en la madrugada, tomar bus a San Salvador o cualquier otra ciudad y pueblo, a vender sus tomates o las blusas que fabrica.

Y a eso llaman "recuperar el Estado", que es el poder de racionar, imprimir cupones, asignar cupones y tener a la gente amarrada a lo que ellos deciden que debe recibirse.

Que es precisamente la clase de vida que prevalece en las prisiones y los campos de concentración.