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Medicinas que se fabrican con trabajo de semiesclavos

A este paso terminaremos inundados de productos de dudosa calidad pero de claras procedencias, desde lo que puedan ofrecer los venezolanos, que ahora es nada, hasta lo que Evo quiera mandar desde Bolivia

Los diputados de ARENA han anunciado que no van a apoyar el convenio firmado con Cuba, para que oftalmólogos cubanos establezcan y operen un centro de oftalmología en el hospital Santa Gertrudis de San Vicente, señalando que en el país hay profesionales igualmente capaces de hacerse cargo del proyecto, sin incurrir en los altos costos que la traída de los cubanos representa.

En respuesta, un secretario de la presidencia dijo que “ARENA lo que tiene es miedo de que se introduzcan medicamentos cubanos porque serían más accesibles para la población”, aseveración que acarrea muchas interrogantes, a saber:

¿Es que piensan importar, por sí y ante sí, medicamentos cubanos sin cumplir con las normas de ALALC, sin que otros fabricantes puedan competir, sin que nadie, fuera de los mismos cubanos, certifique calidades?

¿Estamos frente a otro negocio público de los rojos, de esos en que lo público es estatal pero los beneficios se privatizan?

Sobre los productos y servicios cubanos, desde hoteleros hasta medicamentos, pesan graves objeciones y fallas morales.

La primera, que se trata de monopolios estatales que, por ley y valiéndose de la fuerza pública cuando se requiere, excluyen a cualquier competidor; lo segundo, que es más grave, que prácticamente se trata de producción de semiesclavos, ya que el régimen asigna salarios e impone condiciones a los trabajadores a su conveniencia.

En Cuba, es bien sabido, los empleos son asignados por el régimen que, además, se reserva el derecho de despedir a quienes los desempeñan sin justificarlo.

Y todos en Cuba ganan un máximo de treinta a cuarenta dólares por mes, sea un cirujano u oftalmólogo especializado, o el que barre las calles o trabaja en la construcción.

Ahora quieren el negocio de importar dudosas medicinas       
                             
Las medicinas, como dijo el efemelenista, pueden ser más accesibles, pero lo serían porque se valen de labor no remunerada de acuerdo con las condiciones que se determinan voluntariamente por quienes participan en ellas, como por otro hecho de mayor importancia para quienes las consumen: es el fabricante, el régimen, el que avala su pureza, su efectividad, determina los efectos primarios y secundarios que tengan, les pone el precio y se vale de todo el aparataje que controla para exportarlas.

Lo afirmado por el efemelenista, que ARENA teme esas importaciones, cae en otra barbaridad: de lo que se trata es de que nadie se valga de posiciones o privilegios en las adquisiciones estatales, que se cumplan las normas que garantizan objetividad. No hay que cargar los dados a favor de ningún fabricante y que se cuide el interés de los enfermos que recibirían las medicinas en cuanto a calidad y pureza.

ARENA, como ninguna persona correcta, no puede aceptar que escoger e importar medicinas se realice a base de tramafaces políticos, de arreglos que forzosamente serán turbios dados los “fraternales vínculos” entre quien propone vender y quien, sin justificar la compra, se prepara para hacerla.

A este paso terminaremos inundados de productos de dudosa calidad pero de claras procedencias, desde lo que puedan ofrecer los venezolanos, que ahora es nada, hasta lo que Evo quiera mandar desde Bolivia, como cuando los niños pequeñitos hacen sus ventas de limonada a sus papás y hermanos mayores.

Las medicinas cubanas vendrían a sumarse a los otros negocios de la oligarquía roja, negocios dudosos...