Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

Marchan muchos ciudadanos contra violencia e impunidad

A ojos vistas, sin hacer análisis alguno, cualquiera que visite Costa Rica o Panamá comprende que El Salvador se está marchitando y empobreciendo, que la gente anda con miedo, que nuestras ciudades se deterioran y hay mucho menos inversión

El sábado miles de personas se pronunciaron contra la violencia y la corrupción, una marcha que se congregó en los alrededores de las Fuentes Beethoven y que finalizó en el redondel Masferrer.

Reiteradamente los manifestantes enfatizaron el carácter pacífico de la demostración, al mismo tiempo que pidieron se formara una Comisión Internacional Contra la impunidad en El Salvador (Cicies), la que investigaría la que encubre a individuos que han amasado gigantescas fortunas a la vista de todo el país, hasta la que fallos judiciales otorgan a asesinos y extorsionistas echando mano de mínimos resquicios legales.

“Hemos realizado la convocatoria un sábado en la tarde, cuando el tráfico es más tranquilo y sin planes de cerrar calles”, declaró uno de los organizadores.

Los participantes explicaron que en la manifestación se proponía que los salvadoreños pongan su esfuerzo para que la corrupción, la impunidad y la violencia paren en el país.

“El pueblo tiene que manifestarse, pedir y exigir a las autoridades de gobierno que actúen de mejor manera... nosotros somos de la sociedad civil, los que trabajamos y pagamos nuestros impuestos”, afirmó uno de ellos.

Ningún observador serio del acontecer nacional desconoce que el país se ha convertido en una finca de los comunistas, que en su provecho usan los recursos que son patrimonio de todos, decretan leyes y regulaciones, asignan empleos públicos, efectúan obras en su beneficio y cuidan con escoltas y la fuerza pública a la aristocracia roja, a sus parentelas y a sus amigatelas.

Es grave en este contexto que funcionarios que casi cotidianamente demuestran  incapacidad sigan en los cargos como intocables personajes no en beneficio de los salvadoreños, sino cuidando sus salarios y prestaciones.

El Salvador va marchitándose y cada día está más pobre                                  

La marcha es la expresión de calle de lo que se dice, escribe, argumenta, critica y publicitan pensantes, ciudadanos preocupados, sectores que padecen de la inepcia burocrática y comunidades. Abarca desde las denuncias de quienes han sido víctimas de atropellos hasta la indiferencia de las autoridades para resolver problemas puntuales.

Pero encima de ello, es resultado del estupor y miedo que genera la espantosa carnicería, la falta de iniciativas e ideas para revertir el hundimiento moral y económico que alarma al país, el que una y otra vez y de cara al creciente desastre, o se prestan oídos sordos al clamor, o se sale con enormidades como condenar odios religiosos y raciales que en este suelo nunca se dieron o se manifiestan.

Esto último equivale a burlarse del permanente atropello que sufre la colectividad a causa del odio de clases, la demagogia y las secretas alianzas o denunciados contactos con movimientos sediciosos del exterior y con grupos que están involucrados con el narcotráfico, las FARC y miembros del chavismo.

A ojos vistas, sin hacer análisis alguno, cualquiera que visite Costa Rica o Panamá comprende que El Salvador se está marchitando y empobreciendo, que la gente anda con miedo, que nuestras ciudades se deterioran, que hay mucho menos inversión y menos brillo que antes. El país parece sufrir un cáncer terminal...