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Mandan a Flores a la DAN, el sepulcro de los vivos

El juez pudo haber impuesto a Flores que continuara con arresto domiciliario, considerando que en esa condición se ha encontrado todos estos meses y ha respetado las restricciones que le impusieron

Para ganar posiciones en su candidatura a Fiscal General,  como han expuesto los abogados defensores del expresidente Flores, el juez Miguel Ángel García lo envió a las bartolinas de la DAN sin haberse demostrado que cometió delito alguno, lo que para una persona con padecimientos renales, problemas de presión y trombosis, es casi ponerla en riesgo de muerte.

El juez pudo haber impuesto a Flores que continuara con arresto domiciliario, considerando que en esa condición se ha encontrado todos estos meses y ha respetado las restricciones que le impusieron.

Las bartolinas de la DAN son mazmorras infernales donde nadie merece ser encerrado, ya que la pestilencia, el hacinamiento que prevalece, la falta de servicios elementales, la casi nula ventilación y el sadismo de los carceleros, vuelven ese reclusorio un lugar de tortura permanente, a lo que se agrega el hecho de ser, en comparación, un hotel de lujo respecto a las otras que existen en el país.

Los carceleros, sin duda por “órdenes superiores”, se ensañaron con Flores, forzándole a faenas indignas y abominables.

En las bartolinas de la DAN los reclusos sólo están autorizados a usar los servicios “sanitarios”, servicios inmundos, una vez por día, a diferencia de lo que hace la gente con sus perros y mascotas que las saca a la calle o al jardín dos veces diarias. No hay oportunidad de bañarse, de curarse una infección, de dormir tranquilo algún momento, ya que los quejidos y maldiciones de los otros reos vuelven imposible tal cosa. 
 

No quiere la Policía
testigos del horror que hay 

 No poder usar servicios o contar con una mínima asistencia es mortal para personas con males renales y otros padecimientos.

Y ese infierno hace que muchos de los recluidos, sean o no culpables, piensen hasta en suicidarse para escapar de sus sufrimientos, más sabiendo que pueden pasar meses o años sin que sus causas se revisen.

Nadie les visita y no lo hacen por un motivo: los carceleros, la augusta institución de la Policía Nacional “Civil”, no quieren que haya testigos de las infamantes mazmorras que existen allí, a poca distancia donde sus jefes despachan en oficinas razonablemente amuebladas y con aire acondicionado.

O como lo expresó Dostoievsky de las prisiones zaristas, a su vez hoteles de lujo en comparación con las cárceles comunistas que siguieron, son sepulcros de vivos donde el que entra y siguiendo a Dante, “deja atrás toda esperanza”.

Reiteradamente nuestros reporteros han pedido autorización para ver las bartolinas de la DAN, pero invariablemente se les niega el permiso. Y se les niega porque los carceleros, la PNC, sabe lo que allí hay y se avergüenzan de que otros lo vean, se avergüenzan de algo que está en sus manos reformar con un poco de voluntad y un mínimo de presupuesto, que bien puede conseguirse de algún país que busque erradicar la tortura en el mundo.

Como no dejan entrar a periodistas, que al menos las entidades que se ocupan de los derechos humanos hagan un esfuerzo para corregir eso que sucede en nuestro medio, como sucedería si se descubre que en algún lugar del territorio hay cámaras de tortura.

Esto asimismo debería ser un reto para Sánchez Cerén.