Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

Mal o nulo mantenimiento es lo usual con comunistas

No pueden dar mantenimientos elementales pero insisten en impulsar "cambios profundos", regir la vida de toda la gente, pactar alianzas con “fuerzas revolucionarias de todo el globo”, desvalijar al país entero

El deficiente o nulo mantenimiento de estructuras, equipos, maquinaria, oficinas, jardines y todo lo que en conjunto son propiedades públicas, es la común característica de los regímenes comunistas, tanto en la vieja Unión Soviética que lo heredó a la Rusia de hoy, como lo que sucede en El Salvador.

Aquí --y no es suficiente repetirlo día a día--, la falta de mantenimiento es crónica en lo público, desde los elevadores del Hospital Rosales, los aires acondicionados de quirófanos, las lavanderías del Hospital San Rafael, los techos de tantas escuelas, las instalaciones del nuevo pero ya viejo Hospital de Maternidad y de allí en adelante...

¿Cuál es la causa? La primera, que como todo es de “el pueblo” pero de nadie, ninguna persona ni grupo de vecinos se ocupa de esos cuidados como cuando son para sus propias cosas. Y eso sucedió a lo largo y ancho del despanchurrado Bloque Socialista de Naciones, es una de las tragedias de Cuba y marca el chavismo venezolano.

Quienes visiten países como la antigua Alemania Oriental, Polonia, la República Checa, Hungría, van a encontrar las terribles y enormes  huellas del descuido. En Halle, cuna del genio musical Haendel, compositor del Aleluya y de la “música de agua”, Water Music, no había hasta hace poco, edificio que no estuviera rajado, puertas que no estuvieran desvencijadas, ventanas en orden, espacios sin basureros.

Igual en Potsdam, que fuera capital de Federico II y su palacio de Sansouci que pretendió emular Versalles: a lo largo y ancho de esa ciudad, en mil novecientos noventa se veían escombros de la Segunda Guerra Mundial, escombros que en la Alemania libre habían desaparecido menos de diez años después de finalizar el horror.

Además de que “como nada es de nadie porque es de todos”, la incapacidad para administrar --pues se nombra en las instituciones a militantes sin experiencia ni estudios-- causa que haya un total desorden en el manejo de presupuestos y por lo mismo de las partidas que se asignan, o deberían asignarse, a mantener equipos e instalaciones y ocuparse de que funcionen como deben funcionar.

Ese desorden implica que, al faltar dinero --y siempre falta dinero aunque sobran tragaderas--, echan mano de lo asignado a mantenimientos.

Exprimiendo al país entero para programas fracasados

La situación lleva a contradicciones terribles: no funcionan los equipos de aire acondicionado de los quirófanos pero se montan campañas/ocurrencia como la antiparasitaria, para echar humo sobre los sufrimientos de los pacientes que acuden a hospitales desabastecidos de medicinas, de equipos y de mobiliario esencial.

No pueden dar mantenimientos elementales pero insisten en impulsar “cambios profundos”, regir la vida de toda la gente, pactar alianzas con “fuerzas revolucionarias de todo el globo”, desvalijar al país entero para sus grandes pensadas sociales como el reparto de zapatitos para que los escolares (en teoría) vayan bien calzados a escuelas en estado ruinoso...

No dar mantenimiento siguiendo las normas de fabricantes de equipos, o lo que la lógica aconseja, es como el hombre que nunca cambia el aceite del motor y se sorprende cuando el vehículo se funde a media carretera.

En el mundo del trabajo y la producción, el mantenimiento de equipos e instalaciones se lleva a cabo con puntualidad, sea encargando a los operarios esas tareas, sea a través de un departamento que se encarga de efectuarlo.