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Los viejos, no el despilfarro, son causa de la bancarrota

Es lo que ha venido ocurriendo con los ahorros y las cuotas de los pensionados: Cuando el dinero se acumula, y son ya billones, la tentación de caerle encima, de embolsárselo, es irresistible

Para el presidente del Banco Central, la principal causa de la bancarrota en la que ha caído el país es el pago de las pensiones, la deuda que, con el paso del tiempo, se acumula y crece.

Estamos quebrados como país no por el incremento explosivo en la empleomanía burocrática ni por la incapacidad del gobierno para administrar bien sus recursos ni por los despilfarros y las suntuosas misiones al exterior ni porque hay quienes, a escondidas, metan mano en las arcas públicas.

Nada de eso. La culpa la tienen los pensionados y los que están para pensionarse, los viejos de este país.

De nada vale que todos esos pensionados, o por serlo, hayan cotizado de manera puntual y ahorrado; ellos son los perpetradores de las amarguras presupuestarias. Mejor que se aprieten el cincho, que coman menos, que no se enfermen, que no usen celulares y que dejen de ir, de vez en cuando, a lugares de comida rápida a donde acude, según las palabras del presidente del Central, "gente que bien puede pagar impuestos pero que no lo hace".

Un conocido nuestro no está de acuerdo con la tesis de que los viejos deben hacer sacrificios y exigir menos. Según él, lo que se debe plantear es ¿dónde está el dinero que han venido contribuyendo? ¿Por qué motivo es que no alcanza para pagar las pensiones?

Como son "bienes públicos",

son dineros robables

Pensándolo bien... hace seis años el régimen de aquel entonces quiso pasar a "los presupuestos de la nación" los ahorros acumulados por los trabajadores y de sus empresas. Y recientemente el candidato rojo a la presidencia dijo que esos ahorros eran un bien común, no un bien de quienes se sacrifican y economizan. Bajo esa lupa, puedes, estimado lector, amanecer un día y encontrar que tu cuenta bancaria, tu vivienda, lo que poseas en ropa y enseres es otro bien común que será asignado a "el pueblo".

Pero sólo así, se agrega, es que no habrá exclusión y todos seremos iguales.

Supongamos que un urbanizador ofrece terrenos para entrega futura y pide, a los interesados, depositar una prima y hacer pagos mensuales durante dos años, hasta que el proyecto esté listo. Muchos firman y entregan su dinero según lo estipulado.

Pero llegado el momento, el urbanizador les dice a esos clientes que no sabe dónde está parte del dinero y, por lo mismo, entregará sólo unos cuantos lotes que se van a rifar. No se requiere mucha imaginación para saber lo que la gente hará si no es que linchan al embustero.

Pero eso, precisamente, es lo que ha venido ocurriendo con los ahorros y las cuotas de los pensionados: Cuando el dinero se acumula, y son ya billones, la tentación de caerle encima, de embolsárselo, es irresistible. Y para justificar ese expolio se dice que son "bienes comunes, del pueblo, de los salvadoreños, de la nación, de la humanidad...".

Si un día el banco donde depositamos dinero dice que no tiene fondos para pagar a sus depositantes, con seguridad los directivos van a juicio, y si no devuelven lo que se "han clavado", los meten presos. Pero tratándose de los abnegados servidores públicos que manejan los ahorros de la gente, hay que tragarse la amarga medicina.