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Los "samuelitos" de hoy marchan por dictaduras y por la fuerza

En una sociedad pacífica que basa su quehacer en decisiones voluntarias, imponer marchas forzando a niños y adolescentes a participar en ellas aunque se les ponga en peligro, como ahora, es inmoral

Las redes sociales dan cuenta de la presión que el gobierno está poniendo sobre las escuelas públicas para que envíen contingentes de alumnos a su marcha del 26 de marzo, la que, casualmente, coincide con demostraciones callejeras en Venezuela y otros países, en solidaridad con la corrupta dictadura comunista de Maduro.

¡Vaya patriotismo! Se obliga, en momentos de graves dificultades económicas para el país, a decretar asueto de empresas y negocios a un costo para ellos de más de cincuenta y siete millones de dólares, al mismo tiempo que se suspenden labores en oficinas públicas con el correspondiente y alto costo tanto para el erario, como para el público al que se le suspenden servicios.

Los empleados públicos deben marchar pues, de no hacerlo, se exponen a sanciones, ya que cada oficina y ministerio nombrará a "coordinadores" para vigilar que nadie falte. Y a ello se suma otro costo, el de los pobladores que acarrean de fuera de San Salvador, también a costa de los ciudadanos, pues esos transportes, comida y servicios no salen de los bolsillos de los rojos, sino de los presupuestos públicos.

Todo para mostrar una imaginaria unidad del pueblo entero y el régimen, lo que en el exterior se va a presentar como un apoyo del país a los que están arruinando, saqueando y martirizando a Venezuela.

La gente se cruza mensajes comentando cómo se cobra a los niños y a sus familias los uniformes y los zapatitos que les llegan a destiempo obligándolos a marchar, "les guste o no les guste", lo cual marca el inicio de Dios sabe qué otras imposiciones se harán sobre las escuelas y los maestros.

Zapatitos y uniformes para escolares que asisten a escuelas en estado ruinoso, sin textos adecuados, sin agua potable y, en la mayoría de casos, con los techos podridos...

Se repite —aunque a Dios gracias no en la mortal modalidad que tuvo durante la agresión roja al país—, lo de los "samuelitos", niños que reclutaban a la fuerza y que era la carne de cañón de la guerrilla.

Casi todos esos niños murieron...

No hay problema en que grupos se manifiesten, pero siempre que lo hagan por decisión propia, que se respete el derecho ajeno a no ser perjudicados o agredidos, que no se insulte o se provoque.

Otra cosa es cuando las demostraciones callejeras tienen como objetivo paralizar la vida de una ciudad o de un país, cortar ciudades en dos, arruinar o emporcar, amenazar y agredir.

Son incompatibles la democracia

y los regímenes comunistas

Las marchas es lo propio de ejercicios militares para ir creando un espíritu de cuerpo y disciplinar. Se dice que el "paso de ganso" de algunos ejércitos tiene como propósito adormecer la conciencia previo a desencadenar un ataque o una defensa.

Pero en una sociedad pacífica que basa su quehacer en decisiones voluntarias, imponer marchas forzando a niños y adolescentes a participar en ellas aunque se les ponga en peligro, como ahora, es inmoral y una falsedad de cara al colectivo y al mundo.

La marcha obligada es una señal de que el futuro apunta a regimentaciones, lavados de cerebro y a forzar obediencia a quienes no la merecen y, como en el pasado, abusan de ella.

Esa demostración en apoyo de dictaduras equivale a romper lo individual y libre.