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Los salvadoreños son víctimas no beligerantes

La comunidad internacional no ha hecho lo que corresponde para que El Salvador, como Honduras y Guatemala, logren vencer la criminalidad organizada  

En el contexto de la conmemoración de las víctimas de Hiroshima y Nagasaki, la brutalidad extrema contra gente indefensa e inocente, el Papa Francisco manifestó su alarma por la violencia demencial que victimiza El Salvador y llamó a quienes vivimos en esta tierra a permanecer unidos en la esperanza y en la oración para que vuelva la paz a nuestro país.

El común de la gente, la mayoría de los salvadoreños, no está en guerra contra nadie, no se mueve por el odio, quiere vivir en paz y desea trabajar para superarse y sostener a sus familias.

En tal sentido, el Papa Francisco está consciente de la realidad del país: no somos fieras que luchamos unos contra otros para exterminarnos, sino gente pacífica que está siendo agredida en múltiples maneras gran parte del tiempo.

Lo que el momento actual ha comprobado es la imposibilidad de “dialogar” con fanáticos, sicópatas, criminales y embrutecidos. No hay “diálogo” posible con las bandas de yihadistas que están masacrando las comunidades cristianas en el Medio Oriente y el norte de África, de igual forma como no lo habrá con bandas que van de sitio en sitio matando por matar y agreden permanentemente a los pequeños comerciantes y a los transportistas.   

No hay diálogo posible con un grupo que se cree dueño del país y que usa sus recursos y bienes como propios, saqueándolo permanentemente.

No hay entendimiento que convierta en honestos a los corruptos que ostentan sus mal habidas fortunas, como tampoco con el aparato estatal que los protege escondiendo información y maquillando gastos y manoseos de presupuestos.

 Tampoco puede un país reconciliarse con jueces prevaricadores que persiguen a gente inocente por motivos políticos.

No es posible dialogar con grupos que se creen en posesión de la verdad, que pontifican defendiendo absurdos, que van de disparate en disparate y de enormidad en enormidad, como está sucediendo en Venezuela, país que está cayendo en una horrorosa crisis alimentaria, pese a sus inmensas riquezas naturales.

Si quieren ayudar en la limpieza revelen lo que saben de sobra

La violencia extrema en El Salvador no surgió de manera espontánea, sino que es resultado de la prédica del odio y los indoctrinamientos a generaciones de jóvenes universitarios, que llevó al terrorismo urbano en la década de los Setenta y los horrores que siguieron con la guerra de los Ochenta y Noventa.

Y lo que vivimos en la actualidad con las pandillas es una réplica de aquellos años: homicidios, extorsiones, secuestros, control de territorios... a lo que se agregan los perniciosos efectos de las leyes minoriles que han vuelto impunes a criminales por el solo hecho de tener menos de 18 años.

La comunidad internacional no ha hecho lo que corresponde para que El Salvador, como Honduras y Guatemala, logren vencer la criminalidad organizada. Es esencial vigilar los movimientos relacionados con el lavado de dinero procedente de la droga y la corrupción, de sus alianzas políticas, de sus nexos con los movimientos terroristas del Medio Oriente, de los mecanismos que usan para perpetrar fraudes electorales.

No ayuda en nada que organismos internacionales sigan prestando dinero a El Salvador, que solamente lo empujan a la insolvencia a lo Grecia.