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Los sacan de la lista terrorista y la emprenden contra disidentes

En tales circunstancias, la pregunta es si Estados Unidos pueden convivir con un despotismo que hace mofa de los intentos por encontrar una salida a la opresión impuesta a lo largo de seis décadas, o se trata de maquillajes

Con bombo y platillos anunció la Casa Blanca que Cuba fue retirada de la lista de países que fomentan el terrorismo, con lo cual se daba un paso esencial para el restablecimiento de relaciones entre Estados Unidos y la dictadura castrista.

Pero no han pasado ni dos meses desde esa fecha y ya el régimen de La Habana la emprende contra opositores, encarcelándolos, amordazando las voces críticas y perpetrando toda clase de atropellos contra los que tienen el coraje de denunciar la opresión que prevalece.

No es ni exportar ni importar terrorismo, sino continuar con la opresión, una forma de esclavitud a gran escala.

En tales circunstancias, la pregunta es si Estados Unidos pueden convivir con un despotismo que hace mofa de los intentos por encontrar una salida a la opresión impuesta a lo largo de seis décadas, o se trata de maquillajes.

El Papa Francisco visitó la semana anterior Paraguay, Ecuador y Bolivia, cuyo régimen pretende volver al paganismo precolonial, a la adoración de los dioses andinos y la coca como planta sagrada, para lo cual Evo se cubre de plumas y sube a las más altas montañas.

El Pontífice pidió perdón por las injusticias y crímenes cometidos por los colonizadores contra las poblaciones indígenas, aun cuando se recuerda que el trato de las tribus, etnias y pueblos contra sus propios miembros y sus enemigos alcanzaba extremos de crueldad horripilantes, comenzando por los sacrificios humanos.

Y fueron esas persecuciones y carnicerías de unos contra otros lo que permitió a los conquistadores establecer alianzas contra los poderes indígenas dominantes, comenzando por los aztecas de México y los incas del Perú.

Solo el Papa Francisco sabe por qué hizo una gira precisamente tocando países bajo dictaduras, como Ecuador y Bolivia, cuando hay democracias que están alcanzando niveles admirables de desarrollo, como Uruguay, Costa Rica y Colombia, naciones en las que no hay conflictos de clase (aunque terrorismo como en las zonas donde campea la narcoguerrilla colombiana). De allí que su mensaje puede malinterpretarse, más tomando en cuenta el recrudecimiento de la represión que tiene lugar en Ecuador.

La Conquista de América trajo razón, cristianismo y jurisprudencia

Pero aun en regiones de extrema violencia como aquí en El Salvador y la zona fronteriza entre Estados Unidos y México, no se llega a la clase de horror que sacude el Medio Oriente y sobre todo a Siria e Iraq, aunque medios internacionales han comenzado a comparar a El Salvador con Iraq y a calificarlo como el país más violento del planeta.

Y la clase de futuro que puede sobrevenir se manifiesta en las depredaciones y carnicerías que tienen lugar en Somalia y Nigeria, como en el fusilamiento de un grupo de soldados prisioneros a manos de un pelotón de niños.

Es en parte lo que se vivió en este suelo con los niños reclutados por la guerrilla, una monstruosidad que acabó con casi todos ellos.

América, en unión de las naciones liberadas del Asia, sus Tigres como Japón, Corea, Vietnam, Hong Kong y en cierta medida China, es la esperanza del mundo, el terreno fértil para que la planta humana crezca frondosa y libre.

Mucho se habla de las crueldades de la Conquista de América, pero también es justo reconocer que trajo la razón, la jurisprudencia y el cristianismo a este Continente.