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Los que llegan al Norte sobreviven a grandes peligros

Cada centavo que gana un hermano lejano paga impuestos. Hay descuentos en las planillas, se pagan impuestos por lo que se compra, se pagan impuestos por las viviendas o al abordar buses

Las tribulaciones, peligros, sacrificios y amarguras que sufren los hermanos lejanos para llegar a Estados Unidos o algún país europeo o sudamericano, lograr incorporarse a la vida de una comunidad, encontrar trabajo --con frecuencia en tareas “que no quieren otros”-- son novelescas, épicas vidas que son un ejemplo de abnegación y las más de las veces amor por los suyos y su patria de origen.

Sobrevivir al viaje es ya una gran hazaña, pues muchos son secuestrados, muertos, las mujeres violadas, los niños robados... son personas que huyen de una violencia de horror en su país, violencia que los responsables de la seguridad no tienen la capacidad de erradicar; luego los viajeros pasan por el infierno como el Dante y por fortuna y cuando los mismos coyotes no los denuncian para cobrar recompensa, se asientan en algún lugar de su nueva patria.

Una mayoría de ellos queda prisionera en las áreas donde vive, pues no se atreve a salir por el gran miedo de que “la Migra” los capture y los deporte.

Y en eso con frecuencia las autoridades se hacen las desentendidas: saben que la señora y sus tres hijos son ilegales, pero mientras no viole la ley la dejan estar, como padres que nunca han podido ver a sus hijos pero que puntualmente les envían ayuda para su sostenimiento y educación.

 Muchos de ellos tienen dos trabajos para poder vivir y además enviar dinero a sus familias. Son trabajos de limpieza, como ayudantes de cuadrillas de trabajadores, cuidando a personas que no se valen por sí mismas, cortando césped, pintando, recogiendo cosechas, como “pinches” en un taller en el cual limpian y ordenan por la noche.

Más de algunos de esos hijos, parejas, mamás y papás reciben la ayuda y pasan en holganza. A la hamaca porque Juan se ocupa de enviarles para que coman, vean y oigan programas, pasen en cotilleos y viva La Pepa.

El hijo de María, que trabajaba doce horas en Madrid como doméstica, se compró una flamante moto con la remesa... pero, por fortuna, la mayoría de familias usa bien el dinero, arregla sus viviendas y busca trabajo por su cuenta para complementar el ingreso que es la remesa y sus salarios.

¿Van los amigos de lo ajeno
tras una parte de las remesas?

 
  Las remesas son críticamente importantes en estos momentos en que a causa de ineficientes medidas gubernamentales hay amargo desempleo. Sin las remesas un gran sector de la población pasaría hambre, caería en la peor calamidad.

Cada centavo que gana un hermano lejano paga impuestos. Hay descuentos en las planillas, se pagan impuestos por lo que se compra, se pagan impuestos por las viviendas o al abordar buses de transporte público y se pagan tasas a los bancos para hacer la transferencia, además de que al cambiar el cheque el banco cobra por el servicio.

Como señalamos hace muy poco, el partido en el gobierno ha tenido una gran pensada para caerle encima a una parte de esas remesas: hacer que quienes las reciban las reporten al Banco Central. Y una vez que lo hayan hecho, la posibilidad de que cobren un impuesto o recargo es enorme.

Y es que alguien debe pagar los lujosos automóviles que tanta gente extraña y mal encarada conduce.