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Los miembros de sectas no deben administrar justicia

Pueden tener la seguridad, estimados lectores, de que una Corte bajo control de los rojos va a fallar y a emitir resoluciones de acuerdo con lo que determine el amo del partido

No es válido afirmar que un militante del Partido Comunista no tiene impedimentos para presidir una Corte de Justicia, y las razones de ello son contundentes, a saber:

--El Partido Comunista, pese a su denominación de "partido", es un movimiento sectario, excluyente, que rechaza el Orden de Derecho. El "partido nacionalsocialista" tampoco era un partido sino una secta de fanáticos, como lo son también los integrantes de la Hermandad Musulmana y los talibanes hoy en día.

Si los comunistas desconocen y combaten desde sus inicios lo que llaman la justicia burguesa (al fundar Marx el primer partido hace más de ciento cincuenta años), siempre van a retorcer la ley, socavar las instituciones, fallar contra Derecho, burlarse de la legalidad.

--El Partido Comunista, la secta roja, es de naturaleza radicalmente obediente, donde las decisiones las toma, en la cúpula, el que ejerce el mando; el resto cumple sin chistar. Es el "verticalismo democrático"; en Cuba lo que es ley lo define Castro y el que se opone corre el riesgo de ser defenestrado o muerto;

--los partidos políticos legítimos se rigen en forma democrática, y pueden cambiar sus dirigencias y la composición de sus cuadros, como se acostumbra en todos los institutos que funcionan en El Salvador. La sola excepción es el Partido Comunista, como en su momento lo descubrieron Roque Dalton, la Mélida y el mismo Cayetano Carpio, fundador de las FPL. El cambio de liderazgo no se produjo por la vía electoral.

--El Orden de Derecho, que más que menos inspira a nuestras leyes y Constitución, se remonta hasta los sumerios, hace seis mil años, y fue perfeccionado por la jurisprudencia romana en los primeros siglos de nuestra era.

En contraste, no hay un "cuerpo legal" que dé sostén a lo que hacen y deciden los comunistas quienes, "un día van por una ruta, otro día por la contraria". El que marca el rumbo es el que tiene poder para meterle un balazo en la nuca al resto, como lo hacían Stalin y Mao, a quienes nadie osaba contradecir.

O defendemos las instituciones o viviremos en un manicomio

Pueden tener la seguridad, estimados lectores, de que una Corte bajo control de los rojos va a fallar y a emitir resoluciones de acuerdo con lo que determine el amo del partido. Los magistrados serán simples empleados del partido, como lo son en Nicaragua y lo vienen siendo en Venezuela desde que usurpó el poder el ahora difunto Chávez, el que continúa enviando mensajes desde el más allá valiéndose de un pajarito.

El Derecho, como la gente sensata lo entiende, consiste en "dar a cada quien lo suyo" pero basados esos fallos en la moral, el sentido común y la lógica. Cuando las partes en litigio acuden a un tribunal razonan sus casos y, con frecuencia, sostienen sus argumentos en precedentes y en la misma tradición romana. Que luego un juez libere al marero, aunque le encontraron prendas ensangrentadas de la víctima, es otra cosa, siendo parte de la vivencia nacional de "la tregua".

Fallar no debe ser un asunto emocional, o depender del aplauso de las masas, o la conveniencia política. Tampoco se justifica asesinar a palos por "desviaciones burguesas", como en la época de la guerrilla, o que maten a alguien por "servir al imperialismo".

A menos que queramos vivir en un manicomio tenemos que defender la institucionalidad y el Orden Jurídico.