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Los mensajes ocultos del arte en tiempos de la Inquisición

En Cuba y Corea del Norte, se persigue al pensamiento libre, se intenta sofocar toda manifestación del intelecto que contraríe la regla del hierro de la dictadura. De esa suerte líbranos Señor…

Se cuenta de un pintor que buscaba un modelo de perversión y maldad para representar a Judas Iscariote, hasta que finalmente encontró a un individuo en quien vicios y depravaciones habían dejado profunda huella. Lo llevó a su estudio y comenzó a trabajar en la obra.

El modelo era crecientemente taciturno y silencioso, por lo que un día el pintor le preguntó qué le sucedía.

Entre lágrimas, el hombre le dijo: "¿Maestro, no recuerda que hace muchos años yo fui su modelo para el Niño Jesús?"

Se dice que el maestro fue Leonardo da Vinci, que buscaba en las ciudades donde trabajó, principalmente en Florencia y Milán, a hombres y mujeres que correspondieran en sus rasgos a los personajes que pintaba; dulces mujeres como modelos de María, jóvenes llenos de gracia y virtud para el evangelista adolescente; hombres de nobles rasgos para representar a los apóstoles…

La Última Cena, de Leonardo es, con seguridad, la obra pictórica suprema del arte, cuya ejecución tomó tres años. En ese lapso, se alternaban días de una febril actividad con otros en los que el artista contemplaba la obra, daba unos pocos pincelazos y partía; al preguntar el duque de Milán, Ludovico Sforza, sobre la tardanza, el maestro respondió que seguía trabajando pero en su interno, dando solución a los problemas para agrupar a los apóstoles y forjar una unidad a esa enorme diversidad de actitudes y emociones.

Pero al lado de la composición formal en sí, al colorido y los detalles, Leonardo fue trabajando en una simbología que, al día de hoy, no se acaba de descifrar, en misteriosos mensajes que recogen las creencias ocultas del pintor, en una época en la que un desliz, o hablar de ello, podía terminar en una condena a muerte.

¿Puede el espíritu librarse de las prisiones del oscurantísmo?

Uno de estos enigmáticos indicios es que todos los apóstoles tienen una copa menos Jesucristo; falta en el mural el Santo Grial, la Copa del Redentor; la otra es la señal que hace el apóstol Tomás con el dedo, un símbolo de los gemelos; una tradición de los libros apócrifos de la Biblia afirma que Tomás era el hermano gemelo de Jesús; el apelativo de Tomás deriva de la palabra "gemelo" en la lengua acadia.

Otro de esos escondidos mensajes es la figura del apóstol Juan, el bien amado, pero que en el mural es claramente una mujer y que se cree representa a María Magdalena, lo que indica que Leonado pudo retomar la leyenda de que ambos eran esposos y además padres de un niño, quien se esboza en los hombros de Judas y que, al recomponer las figuras, sería el centro de un triángulo de la Magdalena, Jesús y el niño… lo planteó Leonardo pero en tal forma que no podían acusarlo de herejía y condenarlo a muerte.

El arte generaba espacios para la expresión de muchos que habrían sido perseguidos por los inquisidores, como sucedió más tarde con las sátiras de Voltaire, en Francia, y con la música durante el reino del terror comunista en la Rusia Soviética y la Alemania nacionalsocialista. En esos infiernos, como en Cuba y Corea del Norte, se persigue al pensamiento libre, se intenta sofocar toda manifestación del intelecto que contraríe la regla del hierro de la dictadura. De esa suerte líbranos Señor…