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Los impuestos, sin excepción, los pagan todos los salvadoreños

Lo trágico es que detrás de las exacciones del fisco van las extorsiones, con la diferencia de que unos amenazan con publicar los nombres de los que no pueden pagar, mientras que los otros matan

Los impuestos --todo impuesto y guste o no guste-- tienen un efecto de cascada, se van pasando de quienes los pagan directamente hasta sus clientes y proveedores, para terminar afectando a la población entera. Y en una frágil economía como la salvadoreña --fragilidad que inicia con el régimen pasado-- más impuestos equivalen a menor inversión, menor calidad de vida, mayor precariedad del futuro.

No hay impuestos que sólo pagan "los ricos", como no hay despilfarros que no afecten el bienestar general, pues el despilfarro es el uso de recursos escasos para finalidades inútiles. Es lo que sucede con la viajadera diputadil; hasta un mendigo en este territorio contribuye en una medida a esas suntuosidades.

El efecto de cascada lo sufren, con la nueva ley que grava las operaciones financieras con un 0.25%, los usuarios del sistema financiero, lo que está empujando a la informalidad a algunos gremios, entre ellos los "gaseros". Y como lo señaló el abogado Max Mojica, cuando un esposo hace un cheque a nombre de su esposa para que ella efectúe la compra casera, pese a que se está en la misma familia, el impuesto se paga.

De igual manera se pagarán impuestos al cambiar cheques de remesas familiares, devoluciones fiscales, envíos al exterior, compra de insumos y materias primas y el uso de tarjetas de crédito.

Lo grave es que este es un impuesto más en la avalancha de tributos que se han venido decretando, como también suma a las obligaciones que generan los préstamos para sostener una masa de burócratas que no tienen capacidad para manejar dinero ni logran hacer obra positiva con los dineros de los presupuestos.

Más impuestos al productor

y también más extorsiones

Como se ha señalado, la masa de impuestos que se vienen decretando resta a los productores la capacidad de generar nueva riqueza y generar empleo. Y la causa es que en un mundo globalizado en el que los productores tienen que competir con otros locales pero también con consorcios y negocios del exterior, se requieren recursos para renovar, incorporar nueva tecnología, capacitar personal, ser más eficientes.

O, como se dice actualmente, las empresas tienen en su mayoría que reinventarse de forma permanente, renovar sistemas, ser más eficientes en lo posible, integrarse a otros grupos, abrir nuevos locales, remozar los viejos… una labor que nunca termina y para lo cual se necesita mucho dinero, dinero al que ahora le cae encima el régimen para mal administrarlo y malgastarlo, pues no hay obra positiva que se haga con esos raudales de dinero que extraen casi por la fuerza de todos los salvadoreños.

¿Qué productor no se duele al ver que los recursos que genera a costa de sacrificios, dura labor y muchas ideas, generación a la que contribuyen sus empleados y trabajadores, se usa para los viajes inútiles de los diputados y, en especial, para sostener una enorme masa de gente de muy escasa capacidad y sin experiencia en las funciones que dicen desempeñar?

Lo trágico es que detrás de las exacciones del fisco, van las extorsiones, con la diferencia de que unos amenazan con publicar los nombres de los que no pueden pagar, mientras los otros matan. Y en vez de usar impuestos para proteger a la gente y brindarles servicios, son otras las prioridades del régimen: darse la gran vida…