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Los estudiantes venezolanos desamparados fuera de su país

Estudiar fuera del país natal, echando mano de los propios recursos, financiados con becas, apadrinados por parientes o amigos de la familia, es un gran paso de superación personal y de beneficio colectivo

Centenares de miles, millones en total, de estudiantes japoneses asistían y luego se graduaron en universidades occidentales a principios del Siglo XX, un hecho que contribuyó enormemente a potenciar al Japón hasta convertirlo en una gran potencia industrial, ahora la tercera del mundo.

Estudiar fuera del país natal, echando mano de los propios recursos, financiados con becas, apadrinados por parientes o amigos de la familia, es un gran paso de superación personal y de beneficio colectivo.

Esto lo hacen estudiantes en Europa que se mueven en las universidades de su propio país —un joven filólogo alemán comienza en Tubinga y finaliza en Berlín—, franceses que hacen un año o más en Italia, estadounidenses que se inscriben en Japón y así, sucesivamente; cada centro tiene su singular forma de transmitir conocimientos, a lo que se suma la formadora experiencia de salir de la aldea y pasarse a otro pueblo, como hace un siglo unionenses estudiaban en San Miguel, la gran metrópolis de Oriente, o los de Santa Ana se matriculaban como internos en San Salvador.

Los profesionales graduados en el extranjero contribuyen, en innumerables maneras, a elevar el nivel general de conocimientos, de cultura, de "savoir faire" en general, comenzando por su manera de hablar y hasta sus nuevos gustos en comer. Desafortunadamente un porcentaje de ellos se queda fuera, enriqueciendo a otros países, y otros se casan allá y vienen con nuevas familias.

En este sentido Venezuela está en una muy mala situación, pues las restricciones monetarias y el hecho de que es cada vez más difícil enviar dólares fuera, ha dejado a miles de estudiantes venezolanos en el desamparo, colgados de la brocha, como lo reporta El Mundo, de Madrid: las estaciones están llenas de jóvenes venezolanos con sus mochilas que no tienen dónde dormir, apenas comen, no saben qué hacer.

Y esto a causa del socialismo del Siglo XXI (el capitalismo de unos pocos ladrones) que está empobreciendo al país hasta el hueso.

En Cuba la dictadura decide si puedes estudiar y qué carrera

Un amigo nuestro nos contaba, hace años, que su familia, oriunda de los Balcanes, lo envió a estudiar a Italia al finalizar la Segunda Guerra Mundial. Llegó con el apoyo familiar, se inscribió en una universidad italiana, se hizo de sus amigos y todo iba bien, hasta que los comunistas tomaron por asalto el poder y cortaron esos envíos de dinero al exterior.

Nuestro amigo fue reduciendo su modo de vida, sus nuevos amigos esfumándose hasta que terminó en un campo de refugiados...

Esa personal historia tuvo un final feliz: él se convirtió en un gran ingeniero, habla a la perfección seis idiomas... pero su suerte no la comparten los pobres venezolanos que han quedado como el astronauta soviético quien estaba en órbita cuando se derrumbó su país y nadie se ocupaba de regresarlo a tierra.

Mientras no bajen de su órbita a los chavistas, los pobres jóvenes venezolanos pasarán amarguras para formarse: una dependencia de la dictadura aprueba o desaprueba sus estudios, le asigna una suma pero sin garantías. Sucede en Cuba: los castristas le dicen a los jóvenes autorizados lo que deben estudiar para terminar ganando treinta dólares por mes...

De paso, no lo olviden estimados lectores: si quieren pasar hambre al jubilarse, voten por los efemelenistas que, en la actualidad, fraguan robarles sus ahorros.