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Los equipos no son eternos; hay que mantenerlos

Para mantener un determinado nivel de operatividad, se requieren permanentes inversiones, emplear recursos de variada índole para no quedarse rezagado, incluyendo capacitaciones y aprendizaje

Con el avance de la tecnología la vida útil de equipos, maquinaria, instalaciones fabriles, aparatos y sistemas, incluyendo programas cibernéticos, se va acortando, lo que obliga a renovar, descartar y/o actualizar.

El mundo de la producción se asemeja a la leyenda de Sísifo, condenado por toda la eternidad a subir una pesada piedra en una ladera, pero que al llegar a la cima caía rodando al abismo para iniciar otra vez el suplicio.

Para mantener un determinado nivel de operatividad, se requieren permanentes inversiones, emplear recursos de variada índole para no quedarse rezagado, incluyendo capacitaciones y aprendizaje.

Un cambio significativo es la sustitución en equipos industriales, de tableros que emplean tarjetas en su momento análogas de gran tamaño, por servidores que frecuentemente están en la nube, que reciben la información, la procesan en aplicaciones, (apps) para de inmediato dirigir la operación de esos equipos.

Y todo eso cuesta dinero, tanto en el costo directo de las actualizaciones como en el tiempo y la adaptación requeridos, lo que incluye aprendizaje de por vida.

Esas realidades no tienen presencia en el horizonte de la oligarquía comunista, que ni siquiera acaba de comprender la necesidad del mantenimiento de equipos (como son, a guisa de ejemplo, los aires acondicionados de los quirófanos en los hospitales o los techos de las escuelas); que los compresores fallen o las máquinas de lavar ropa dejen de funcionar lo ven como una desgracia caída del azul del cielo y, por lo mismo, quedan a la espera de que un milagro o que tales problemas se resuelvan solos.

Eso sucedió con la compra de los camioncitos chatarra durante el desgobierno municipal de la basura y los prostíbulos: no se les cruzó por la cabeza que equipos de ganga no ofrecen mayores garantías de larga vida útil ni de mantenimientos por los proveedores, de ahí que apenas funcionaron unos cuantos meses.

¿Volverá San Salvador a las calles empedradas?

La inversión para continuar operando no la entienden los rojos, quienes creen que las cosas marchan solas y, por tanto, la política de exprimir hasta el hueso a los productores no acarrea secuelas graves a la economía.

Pero el saqueo fiscal se convierte en una sangría que debilita primero y luego acaba por matar a los pacientes. Y eso se manifiesta en el rápido decrecimiento de la economía nacional, en el desempleo, en el hecho de que más y más negocios tengan que cerrar; la crisis se origina en las expoliaciones fiscales por una parte y las extorsiones por la otra, flagelos distintos pero que causan un igual efecto.

Esa ignorancia comunista respecto a cuidar, mantener, reponer, reparar y actualizar se manifiesta en los destrozos que su proyecto estrella del Sitramss está causando a la red de calles y vías de San Salvador que, en algún momento, habrá que reparar, a menos que el país se resigne a volver a las calles empedradas de hace más de un siglo, antes de la pavimentación.

¿Cuánto cuesta repavimentar un kilómetro de calle urbana o de carreteras? Son millones. ¿Y de dónde saldrá el dinero considerando que el país ha agotado su capacidad para obtener créditos?

El gran negocio privado del Sitramss que se sostiene sobre vías públicas usurpadas, deja de ser negocio si se toma en cuenta lo que destruye.