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Los ahorros de las AFP tienen dueño con nombre

Los trabajadores, que por fin están despertando a la realidad, deben agotar todos los recursos para tomar control de lo que les pertenece

Los fondos de las AFP no son un bien del pueblo salvadoreño, un patrimonio de la humanidad, un valioso recurso público –y etcétera, etcétera, etcétera—sino dineros que tienen dueños con nombre y apellido, pequeños capitales que van formándose con lo que contribuyen de sus salarios los trabajadores y los aportes de las empresas, aportes que son también un salario. 

Entre las maquinaciones "del nuevo gobierno" que los rojos han anunciado está la reforma de las pensiones (o del llamado sistema previsional) que desde ahora puede anticiparse serán maniobras para meter mano en esos ahorros y usarlos para saldar obligaciones del régimen o más despilfarros, para las fiestas de despedida...

Esto es lo que se viene haciendo con los ahorros de los trabajadores desde que Saca dispuso que se pasaran a Hacienda, maniobra que en parte y por la protesta general, pudo detenerse. Y a partir de entonces ese capital se viene erosionando vía los bajísimos intereses que "el Estado" paga por los bonos que las AFP están forzadas a comprar.

 Los ahorros de las AFP pueden ir a parar, conociéndolos como son y piensan los rojos, a una canasta única donde meta mano el régimen para cubrir la deuda previsional, como si la deuda hubiera sido creada por los ahorrantes de las AFP. Y ante esa eventualidad los trabajadores, que por fin están despertando a la realidad, deben agotar todos los recursos para tomar control de lo que les pertenece, y les pertenece porque lo han ganado con el sudor de su frente.

Y ganar el pan con el sudor de la frente es lo que no hace la clase política, que come pastel con el sudor de la frente de quienes trabajamos cada día de Dios…

 Pero el caso de las pensiones es una de las tantas evidencias de lo que puede suceder bajo un régimen que disponga de los bienes y la propiedad ajena como si se tratara de "recursos públicos", vale decir recursos de un régimen y de su clase autoprivilegiada, de los que pueden usufructuar y dispensar a su antojo.

Esto es precisamente lo que aceleradamente lleva a la ruina a todo país que cae en el comunismo, la trágica experiencia por la que han pasado desde los pueblos sometidos por la Unión Soviética durante casi tres cuartos de siglo, hasta Cuba, Nicaragua y ahora Venezuela.

No hay excepción…

Es muy fácil imponer obligaciones a otros 

Es muy fácil asignar obligaciones, exigencias y demandas a lo de otros, sea a través de precios controlados o forzando deberes. La ley de medicamentos es un caso, que pasado un plazo va a afectar la competitividad de la industria salvadoreña frente a productores de otros países.

Lo mismo sucedió con el seguro obligatorio que se quiso imponer a todos los conductores y dueños de vehículos, para beneficiar a unos pocos y además meter más dinero en el arca donde los políticos sacan libremente.

Un caso es el cobro de los 18 dólares a los transportistas, para pagar por un sistema que no funciona bien (sepa Dios adónde lo compraron), que se "cae" todo el tiempo y cuyas fallas están costando decenas de millones al mes a empresas del país, costos que siempre, sin excepción, tienen que pagar los consumidores, que somos todos, hasta los saqueadores.