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Llega a su término una desastrosa presidencia

En los cinco años transcurridos, el régimen no impulsó políticas constructivas, programas de beneficio a la colectividad, ideas que contribuyeran a unir y no a distanciar, a progresar y no a retroceder

La oprobiosa presidencia de Mauricio Funes llega a su término, con el país dividido, empobrecido, victimizado y saqueado, sin obra perdurable o de mérito, con un gran puerto en abandono, con las calles de la capital en desorden y sin dinero para reparar escuelas, centros de salud, comprar medicamentos y arrastrando la mayor deuda de su historia.

Nos hemos endeudado para pagar los despilfarros de hoy en beneficio de la nueva clase, pero que debemos pagar todos los salvadoreños.

Nunca, en sus cinco años de desgobierno, Funes se dirigió a los salvadoreños con elocuencia, con altura espiritual, con valentía frente a las tribulaciones que se vienen sufriendo, con mensajes que demostraran civismo, sabiduría, conocimientos, algún rasgo de conciencia moral. Sus posturas fueron siempre carnales, de desprecio hacia sectores y personas, de insensibilidad y odio.

Funes cierra su funesta presidencia no pensando en la gente, sino burlándose de sus críticos.

En los cinco años de ejercer el poder nunca se oyó de su parte palabras de consuelo a las víctimas de la violencia, consternación por la insuficiencia de los servicios públicos, disculpas por la pérdida de liderazgo del país en la región, mesura en sus posiciones ni disimulo en su boato.

Funes entrega la presidencia casi en bancarrota. Su paso por el poder se caracterizó por su impuntualidad y desdén hacia huéspedes, funcionarios y los convocados a ceremonias, llegando al extremo de no acudir a tiempo a una entrevista con el Papa Francisco. Funes tuvo el descaro en un tiempo de "pedir disculpas" por hechos de nuestra historia, que fueron acusaciones sin fundamento a grupos y personas.

En los cinco años transcurridos, el régimen no impulsó políticas constructivas, programas de beneficio a la colectividad, ideas que contribuyeran a unir y no a distanciar, a progresar y no a retroceder.

Roban a los salvadoreños

su bienestar y su futuro

Los beneficios a padrinos y allegados han causado costos terribles al colectivo, como son los precios de la electricidad, los más altos de la región, al igual que el hoyo de ciento y tantos millones de dólares y el desprestigio internacional causado por actos arbitrarios del régimen, como la virtual confiscación de las inversiones de ENEL.

A ello hay que agregar las adjudicaciones arbitrarias a proveedores y empresas, como la marcada preferencia a consorcios del Brasil sobre competidores con mayor experiencia y cualificaciones. El Salvador, durante este quinquenio de las calamidades, se ha desmarcado del orden jurídico internacional, lo que tendrá graves repercusiones en cuanto a atraer nueva inversión al país.

En estos cinco años, los asesinatos, descuartizamientos, desapariciones, extorsiones y amenazas se han venido incrementando, al extremo de que miles de pequeños y medianos negocios han tenido que cerrar mientras centenares de personas son asesinadas cada año por no pagar a los extorsionistas. Pero ese horror no ocupa prioridad pese a estar constituyéndose en la imposición de un nuevo orden esclavista en el país. Y las depredaciones están socavando el sistema educativo, lo que equivale a robar a los niños y jóvenes de su libertad, de sus juegos, de su futuro.

Está por evaluarse lo que viene, que a sus propios problemas y su dogmatismo, se suma lo contaminado de lo que se recibe, la creciente desconfianza del conglomerado y de los sectores de trabajo en cuanto al devenir patrio.