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Las saquean y las insultan y pueden terminar por irse

Debido a las insultaderas y torpezas, el país y las comunidades corren el riesgo de perder fuentes valiosísimas e insustituibles de producción y desarrollo humano

A causa de la inseguridad prevaleciente en El Salvador y por la falta de incentivos y comprensión a lo que hacen y contribuyen a comunidades y países, muchas maquileras están por trasladarse a Honduras, país que cuenta con condiciones muy atractivas para nuevas empresas del rubro, entre ellas la designación de tres departamentos como áreas de libre desarrollo.

Las maquilas son mucho más que fábricas o talleres para elaborar ropa, artículos diversos y componentes electrónicos. Ese "mucho más" incluye el factor de tecnificación y superación personal, beneficios tangibles que han venido transformando la calidad de vida de numerosos pueblos y comunidades donde se instalan.

El primer y significativo aporte es mejorar la disciplina individual de los empleados de las maquilas, quienes deben cumplir con horarios, vestir en forma adecuada, presentarse limpios y usar bien los espacios de trabajo y las instalaciones propias de cada conjunto de producción.

Cuando las maquilas se instalan en lugares que antes no contaron con estructuras productivas formales, el primer reto es enseñar a la gente a dejar usos propios de aldeas y caseríos, y acoplarse al modernismo, al agua corriente, luz eléctrica, ventiladores y ventanas.

En esa primera fase, las maquilas desempeñan una función clave, la de elevar la experiencia individual, mejorar la utilización del tiempo y de las propias energías, aprender a pasar sentados por horas para cumplir con cuotas y tareas, a mejorar la comunicación con los demás, cumplir con reglamentos, entender instructivos escritos o verbales, ir a buen paso.

Eso, en parte, hizo y continúa haciendo el Ejército salvadoreño con los jóvenes que recluta: instruirlos en limpieza y buenos hábitos, alfabetizarlos, curarlos, enseñarles a cumplir órdenes y reglamentos. Y los empleadores preferían a los jóvenes que pasaban por la experiencia sobre los que nunca hicieron servicio militar.

Y así como los lugareños de cantones aprenden mucho del mundo actual en las maquilas, los jóvenes salvadoreños que van a universidades del Primer Mundo tienen también que incorporarse a otra calidad de vida.

En el mundo del trabajo, cada empresa es centro de enseñanza

Las maquilas son una de las muchas facetas del mundo del trabajo real: se compite con base en esfuerzo, buenas ideas, capacidad para administrar, "nariz" para anticipar los cambiantes gustos de los consumidores, agilidad para renovar, prudencia para invertir y gastar.

Y al igual que las maquilas, cada centro de trabajo del mundo privado, el mundo en el que no se reciben subsidios ni apoyos de otros gobiernos ni dineros negros, es también imprescindible enseñar, entrenar, capacitar, promover y responsabilizar al personal.

Cada empresa, desde muchos puntos de vista, es un centro de enseñanza, unas más y una menos, sitios en los cuales al que ingresa se le brinda apoyo y se le va entrenando hasta que encaja con el resto en los objetivos comunes, objetivos que siempre están en evolución y cambio.

Y eso lo sabe la mayor parte de la población: en las escuelas, academias y universidades aprenden muchas cosas, pero es en el trabajo diario, en empresas donde se ingresa compitiendo con otros que también aplican, donde esos conocimientos académicos cobran sentido y sirven de punto de partida para pasar de profesionales de título a profesionales de hecho, efectivos.

Pues debido a las insultaderas y torpezas, el país y las comunidades corren el riesgo de perder estructuras de producción y desarrollo humano.