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Las pensiones son una víctima de la incapacidad actual

Entender cómo operan los procesos productivos, saber los efectos que los acosos fiscales ocasionan a la economía de un país, proyectarse al futuro, diseñar políticas de crecimiento y que mejoren la competitividad nacional, escapa a la comprensión

Un grupo de militares jubilados pidió a la presidencia garantizar las pensiones del IPSFA, el Instituto de Previsión Social de la Fuerza Armada, una demanda que el gobierno de seguro va a aceptar pero que es casi imposible que pueda cumplirla. 
Es casi imposible porque el país, a causa del desbordado endeudamiento en que ha caído, va directo a la insolvencia, a una grave crisis en las finanzas públicas y, por consiguiente, en la economía.

El creciente desparpajo se manifiesta en los más diversos campos, desde la inseguridad pública hasta la reducción de los presupuestos de las escuelas rurales. Día a día sectores sociales, personas, comunidades, entidades públicas, observadores, medios de comunicación, viajeros que llegan al país, expertos y gente de toda clase de oficios y ocupaciones, señalan fallas, faltantes, errores y torpezas cometidas y que afectan o dañan el quehacer general.

Pero los que forman la oligarquía comunista siguen impávidos, como si no se tratara de ellos; la crítica y el deterioro causado, lo que el país entero puede ver con indignación,  “les resbala”, no les importa y, siendo así, no hay ni correcciones ni cambio de rumbo.

Esa actitud es muy dañina en las actuales circunstancias, pues los que están en el poder parecen ser o ciegos al deterioro de la economía y al creciente desempleo, o no les asusta o buscan el empobrecimiento como una arma de control, la manera de domesticar a la gente forzándola —como en Corea del Norte, en Cuba y en Venezuela— a mendigar su sustento, a pasarse horas para conseguir lo elemental, un suplicio que doblega a los espíritus más fuertes.

A esto se agrega otra realidad: las señales son de que los rojos no son capaces de anticipar las nefastas consecuencias de lo que van haciendo. Ellos trazan curso, como en el caso del Sitramss, y se dejan ir sin corregir lo que vaya saliendo mal, como si rectificar no tuviera ningún sentido o fuera una especie de rendición, de “perder cara” o prestigio indistintamente de los males que se causan.

El colosal desorden y los enormes perjuicios que se está causando a la capital con el disparatado plan de Sitramss simplemente no cuentan; es como si nada pasara, como si fuera de lo más “normal” que haya atascos y que la gente se pase hasta horas yendo de un lugar a otro de la ciudad, ahora dividida en dos.

¿Qué puede esperar el país de gente muy limitada?
     
 En parte lo que sucede tiene una causa: el poder está en manos de un partido cuyos miembros en su mayoría, incluyendo la dirigencia, tienen limitada preparación o experiencia en los distintos campos o fueron formados en una universidad en la que la ideología y la militancia roja —no las ejecutorias académicas o intelectuales— son decisivas, a diferencia de la Universidad de El Salvador de antaño, disciplinada y de categoría, un gran centro en el que tantos salvadoreños capaces recibieron sus títulos.


Entender cómo operan los procesos productivos, saber los efectos que los acosos fiscales ocasionan a la economía de un país, proyectarse al futuro, diseñar políticas de crecimiento y que mejoren la competitividad nacional, escapa a la comprensión de los rojos, sobre todo de los que tienen limitada preparación académica.