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Las manualidades enseñan la lógica del mundo físico

Que jóvenes que aspiran a estudiar profesiones universitarias aprendan y practiquen lo básico de un oficio les acercará en el futuro a quienes ejercen esas tareas  

Es importante que a la par de la enseñanza de las usuales materias escolares —las tres erres clásicas de los sajones, leer, escribir y aritmética—, los escolares aprendan a usar sus manos, lo que en los viejos tiempos se lograba con las manualidades hasta que desaparecieron junto con la moral, la cívica y la higiene, para ser sustituidas con ocurrencias como la “cultura de paz” o novelitas chatarra.

Fabricio Altamirano, Director Ejecutivo del Grupo Editorial Altamirano, ha ideado un proyecto para llenar ese vacío, que consiste en ofrecer cursos de esa clase de habilidades a través de las Ong, universidades privadas, vecindarios y asociaciones cívicas.

A los jóvenes interesados se les puede enseñar desde cómo usar un taladro o dar mantenimiento básico a un vehículo, como a las muchachas organizar un hogar o prestar primeros auxilios.

Algo de eso se hace ya pero hay que intensificar el esfuerzo.

En estas notas hemos mencionado que una tradición de la familia imperial de Austria fue que todos sus miembros, a la par de sus profesiones, aprendieran un oficio, desde ebanistas y sastres, hasta jardineros como lo fue el hijo de Napoleón Bonaparte y la princesa María Luisa de Habsburgo-Lorena.

Las manualidades abren la mente a la lógica del mundo físico, a lo que son los materiales y sus propiedades, a cómo aprovechar los recursos tangibles que se encuentran en un entorno. Nunca se aprecia mejor la bondad de la madera, sus fortalezas y sus limitaciones, que al trabajarla; “hacer un poco de carpintería” abre los ojos a la belleza del laurel, del pino tratado, del cedro y del palo de rosa empleado en las grandes creaciones mobiliarias francesas, como la caoba, cuyos mejores cortes proceden de Honduras.


La gente debe apreciar la belleza de un artesonado sosteniendo techos o sirviendo como decoración.

Ha sido una desgracia nacional la supresión de Educo  
                                           
Antes los niños cortaban piezas de tabla con sierras, tejían hilos en bastidores sencillos, montaban elementales maquetas, pintaban, cosían.
Y los niños campesinos desde muy pequeños aprendían a usar las cumas y machetes, de allí el cuadro del campesino con su cuma acompañado del muchachito con una minicuma.

En ese sentido la supresión del programa Educo, por los actuales estadistas, ha sido un golpe a la posibilidad de que adultos voluntarios enseñen a escolares muchas artes y oficios útiles, de la misma manera cómo los obreros y artesanos adiestran a sus hijos y sobrinos, o al menos hasta que inspectores de la OIT y del Ministerio lo prohíban e inclusive multen.

Pues es preferible, deben de creer, que los jovencitos de un barrio se conviertan en pandilleros, a que trabajen como aprendices en un taller. “Mejor que anden matando o muriendo, a que sean trabajadores infantiles...”.

Que jóvenes que aspiran a estudiar profesiones universitarias aprendan y practiquen lo básico de un oficio les acercará en el futuro a quienes ejercen esas tareas, se rompen las barreras de la incomprensión, de igual manera como el que algo practica de cocina se interesa en lo que el chef de un restaurante prepara o son sus creaciones; meter mano en lo que otros hacen es inducir acercamientos y simpatías.

La idea está y hay que convertirla en una realidad “masiva”, en lo normal de la formación de toda clase de jóvenes y especialmente de los afortunados de formarse a niveles superiores.