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Las figuras públicas lo son en todo momento

Muy mal aconsejaron al presidente para que protestara porque su viaje a Cuba se hiciera público, pues un mandatario indistintamente de lo bien o mal de su desempeño, tiene que revelar lo que hace

Las figuras públicas y los funcionarios de gobierno tienen que aceptar que lo que hagan, digan y muevan está siempre sujeto al escrutinio de la gente, que no hay viajes “privados” ni actuaciones secretas de los que no puede conocer la población.

Informar, averiguar, investigar lo que hacen funcionarios aun dentro de sus casas no es delito ni intromisión. Y no lo es por la gran responsabilidad que tienen respecto al colectivo y los perjuicios que puede acarrear un mal paso.

Hay que partir de un hecho: los funcionarios usan recursos provenientes de toda la población, por lo que deben rendir cuentas y estar sujetos a fiscalizaciones. Y en esto su tiempo es parte del gasto: un mandatario no puede pasarse en francachelas ni menos orgías pues, al hacerlo, traiciona el mandato recibido.

Muy mal aconsejaron al presidente para que protestara porque su viaje a Cuba se hiciera público, pues un mandatario indistintamente de lo bien o mal de su desempeño, tiene que revelar lo que hace. No hay esferas privadas y menos cuando a cada rato coge camino a una isla que está bajo una dictadura feroz desde hace más de sesenta años.

Si es por motivos de salud se tiene que informar a la gente de lo que padece, como lo hacen los presidentes y monarcas de países civilizados, incluyendo a Reagan cuando pasó por una colonoscopia, o las fracturas sufridas por el Rey de España. Y, en todo caso, que recuerde las consecuencias de ir a los hospitales cubanos que tuvo Hugo Chávez.

Tal vez dentro del dormitorio puede hablarse de “privado” 

Vamos todos a aceptar la palabra del gobierno de que el viaje es por asuntos médicos, no para pedir consejos, línea política o importar matones a El Salvador.

A la gente, aunque el espíritu de lo agostino le haya hecho olvidar los horrores de los últimos días, no le agradó saber del viaje del presidente en medio de la crisis, sobre todo porque en ningún momento hubo palabras de consuelo para las familias que sufrieron el asesinato de padres, hermanos o hijos ni para los propietarios y trabajadores de las rutas afectadas por las extorsiones y los atentados.

Hubo mucho no relevante en los mensajes desde Capres, como el cuento del golpe de Estado, fábula que a todos “resbala” por inverosímil y por la “gran casualidad” de que Evo, Maduro, Kirchner y Correa estén con la misma cantinela, todos en sincronización y en busca de pretextos para perseguir a opositores.

A la Fiscalía no le queda otra que efectuar un par de diligencias y tirar al cesto de los inservibles las denuncias por “revelar” algo que el público, que paga esos viajes y además paga el trabajo y el tiempo de su presidente y sus funcionarios, tiene todo el derecho de conocer.

Y que lo tiene lo comprueba lo que dicen tantos en las redes sociales: los funcionarios públicos son públicos en el sentido de que su vida privada solo pertenece al dormitorio de sus viviendas. Pero cuando remontan vuelo ya no es privada y menos a un país donde fusilan gente y condenan a veinte años a alguien por criticar a los dioses oficiales.