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Las alegres pero cuestionadas cuentas de dos diputados

Si no hay cuentas claras no se puede hablar de una plena democracia. Y cuentas claras simplemente no las hay en El Salvador

Una propuesta de reformas a la LAIP (Ley de Acceso a la Información Pública) prepara FUSADES para evitar abusos de parte de entes gubernamentales que propicien el encubrimiento de  corruptos y violaciones a a ley en grave detrimento del interés público.

Ha sido  muy cuestionada la negativa de informar sobre los viajes y los gastos incurridos por Funes, bajo el argumento risible y jalado de los cabellos de que al revelarse “se ponía en riesgo la seguridad nacional”. También se cuestionan los hasta el momento inexplicables ingresos y gastos del diputado  Reynaldo López Cardoza, que continúa asistiendo a la Asamblea pese a no haberse aclarado el origen de esos caudales.
A ello se suman los ingresos del diputado Jesús Grande, que son de un millón de dólares al año.

Lo que busca erradicar la propuesta de reformas es el encubrimiento que se efectúa, según los declarantes, amparándose en “reservas de información” que prácticamente tapan todos los cuestionables manejos de fondos y visibles enriquecimientos de funcionarios.

En su visita al país, el secretario general de la Alianza Regional por la Libre Expresión e Información, el chileno Moisés Sánchez, declaró que “el ejercicio de transparencia gubernamental debe ser un instrumento contra la corrupción y de control social a favor de la ciudadanía y el fortalecimiento del Estado de Derecho”.

Si no hay cuentas claras no se puede hablar de una plena democracia. Y cuentas claras simplemente no las hay en El Salvador, donde los casos bajo investigación se dice que no pasan de ser una incidencia menor en comparación con lo que el país conoce pero que no se consigue comprobar precisamente por falta de transparencia.

Viajan como las maletassin traer nada de bueno o útil

Moisés Sánchez fue invitado a un conversatorio por el Grupo Promotor de la LAIP, acto en el que enfatizó la necesidad de elevar a rango constitucional el derecho de acceso a la información para garantizar su cumplimiento bajo estándares internacionales en la materia.

A falta de transparencia y de perseguir la corrupción, “la manzana podrida que corrompe el resto” está socavando las instituciones, debilitando la moral pública y a causa de ello afectando grandemente la economía.

A esto se suma un hecho: que la corrupción no opera en el vacío sino que se apoya en redes de influencia y de complicidades. El sobornado tiene que sobornar a su vez, para tapar huellas, a lo que se suma que torcer leyes y reglamentos para acomodar intereses oscuros no es facultad de un solo individuo sino que involucra cadenas de decisiones, aun cuando la orden “proceda de los más altos niveles”.

Pero corrupción no es únicamente embolsarse mordidas o comisiones por la compra de camioncitos, cerámica de pisos, muebles o vehículos, sino que incluye malversar, o sea gastar dinero en provecho propio sin que ello cumpla ninguna función pública, como los centenares de viajes de un exmandatario, los cincuenta viajes de turismo de un diputado y la mujer, los paseos por el mundo de un expresidente de la Legislatura...

Hasta donde la gente sabe, esos personajes viajan como las valijas, que pasan por París o por Washington sin que Washington o París pase por ellos, sin que se reporten gestiones realizadas, se traigan ideas nuevas, se hayan pactado convenios fuera de los onerosos acuerdos que hacen con Cuba en detrimento de profesionales salvadoreños muy calificados.