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Un intento por legalizar el espionaje industrial

Nadie será tan insensato de entregar a una oficina pública información que por su naturaleza es reservada, como son en otro contexto, datos sobre su vida familiar, de lo que es su intimidad

La nueva propuesta, que de seguro no es de Hacienda sino de paternidad de "más arriba", es pedir a emprendedores y productores someter al ministerio sus proyectos de trabajo, inversión, ampliaciones, alianzas, etcétera, lo que equivale a exigir que una persona revele lo que pertenece a su fuero interno, a su conciencia y a sus sueños o temores, lo que piensa y quiere.

La propuesta equivale a legalizar lo que es penado en los países del Primer Mundo: el espionaje industrial.

En la Edad Media esa suerte de información se arrancaba torturando, amenazando y persiguiendo, lo que podía ser el paso previo al cadalso o a la hoguera. Y muchos confesaban cualquier cosa con tal de no seguir bajo el tormento, cómo más de alguno lo haría si lo hostigan para que cuente lo que el mismo no sabe.

El padre del Milagro Alemán, Ludwig Erhard, dijo en una visita a nuestro país que mucho podía saberse sobre el pasado y lo que se hizo, pero que sólo Dios es capaz de anticipar el futuro. Únicamente Dios porque nosotros mismos podemos, en un determinado momento, pensar que haremos tal cosa, pero cambiar de idea una hora o una semana más tarde.

¿Es que el régimen piensa sancionar a quien dijo que va a comprar nueva tecnología pero que luego decide cambiar y meter el dinero en otro negocio, o inclusive aprovechar una oportunidad de inversión en Honduras?

Como si los novios o novias a quienes dejan plantados en el altar, tuviesen derecho a montar una demanda judicial por incumplimiento de promesa, en este caso cambiar los planes de un negocio.

Al igual que la fórmula de la Coca Cola, uno de los secretos industriales mejor guardados de la historia moderna, los proyectos a futuro son esenciales para preservar y engrandecer empresas, lo que hace la diferencia entre sobrevivir o desaparecer. Y ningún responsable de una empresa ni los miembros de una junta directiva van a exponerse a que sus competidores lleguen a saber lo que serán sus estrategias de mercadeo, sus proyectos de expansión, sus tácticas para enfrentar la competencia local o foránea.

La riqueza es conocimiento

y el conocimiento es patrimonio

Y nadie será tan insensato de entregar a una oficina pública información que por su naturaleza es reservada, como son en otro contexto, datos sobre su vida familiar, de lo que es su intimidad.

No hay nada en la jurisprudencia del país que autorice a una entidad pública exigir a alguien decir lo que piensa o proyecta; si una autoridad necesita orden judicial para allanar una vivienda, no será una disposición burocrática la que va a obligar a empresas a revelar sus planes a futuro, lo que es otra forma de allanamiento.

La reserva de información confidencial es un factor clave del desarrollo económico, pues protege inversiones y protege los aportes en esfuerzo, iniciativas, ideas y pensamiento que están detrás de una estructura productiva.

Como dijo hace poco George Gilder, en una entrevista al Wall StreetJournal, la riqueza es conocimiento, es el fruto de aplicar esquemas mentales a lo que no se mueve por sí mismo, como son materias primas, instalaciones e inclusive fuerza laboral.

Usando el clásico ejemplo, es el saber y la habilidad, no la madera y las cuerdas de un violín, lo que crea la música.