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La ingenuidad de una señora que defiende el hablar “americano”

Hay, en múltiples lenguas, sonidos que no existen en otras como la erre entre los chinos. Y es debido, en parte, a esos sonidos, que mucha de la poesía es intraducible; Goethe pierde al traducirse al inglés

Sarah Palin, excandidata a la vicepresidencia de Estados Unidos, dio una señal de lamentable estrechez cultural al afirmar que si uno está “en América, debe hablar americano”, lo que “se lleva de encuentro” no sólo a la mayoría de “blacks”, sino también a los judíos que hablan yiddish en ciertos barrios de Nueva York, a los chicanos que  hablan un español rudimentario en lo que fue parte de México, a los italianos en ciertas ciudades, a los cubanos de Miami...

El escudo estadounidense ostenta la frase en latín de E pluribus unum, y en sus billetes, Novus ordo seclorum,  recalcando una realidad: la nación es un crisol de razas, culturas, idiomas, idiosincrasias, creencias.

¿Qué diría Sarah de lo que hablan las comunidades nativas de pieles rojas, que con todo derecho podrían secundar a Trump en sus peticiones de sacar a inmigrantes y echarlo a él de Estados Unidos...?

Palin caería muy mal en China, donde se habla un par de cientos de idiomas, en India que ha tenido que resignarse a reconocer el inglés como la lengua común a causa de la enorme diversidad lingüística entre regiones y castas; en el Cáucaso, en Alemania con sus dialectos...

Inclusive su postura chocaría en España con la realidad del catalán, el vasco, el gallego y un ininteligible andaluz en las periferias obreras de las ciudades del sur.

En Miami hay pequeños negocios que hacen chiste del asunto, colocando rótulos en sus vitrinas con la leyenda “we speak english”.

Puristas los hay y los hubo en todas las épocas. Un caso es el de Petrarca, una de las figuras cimeras del idioma y la cultura italianas, quien, a lo largo de su vida,  escribió estudios y obras en latín, pero que compuso poemas de amor en italiano, dedicados a “Laura” una figura medio mítica que, para su autor, fueron poemas de capricho pero que son su gloria. Y fue con Dante, Bocaccio y Petrarca que el italiano se emancipa del latín.

Que florezcan mil flores para llevarnos al futuro 
                                    
La Palin, en apariencia, desconoce que las lenguas no son rígidas, inmutables en el tiempo, sino que nacen en las más diversas circunstancias, se desarrollan, pueden petrificarse y, eventualmente, mueren o se convierten en una especialidad de historiadores y lingüistas como el griego clásico, el latín y el sánscrito.

Y sucede con el “americano” que menciona la buena señora, un americano que tiene diferencias importantes con el que se hablaba hace un siglo.

A esto se suma otra realidad: que hay, en múltiples lenguas, sonidos que no existen en otras, como la erre entre los chinos. Y es debido, en parte, a esos sonidos, que mucha de la poesía es intraducible; Goethe pierde al traducirse al inglés; lo que cantaban los trovadores de la Provenza pierde parte de su musicalidad al trasplantarse.

Y es seguro que nunca podamos, los hispanoparlantes, apreciar en pleno la belleza de la poesía japonesa...

Antes de lanzar una terrible represión en China y para que la disidencia interna saliera de sus cuevas, los déspotas clamaron para que “florecieran mil flores”, lo que bien puede decirse de la humanidad: que florezcan mil distintas culturas y mil distintos idiomas, los que en pocos años se podrán entender  y traducir con computadoras, pues esa es la más segura ruta al futuro.