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No importan sucios pasados, sino que se hable de ello

El TSE quiere cargar los dados a favor de los portaestandartes oficialistas, meneándose continuamente para salir al paso de revelaciones, críticas o perjuicios a su imagen

Al TSE no le preocupa el pasado obscuro de candidatos a la presidencia o diputaciones, ni su bajo nivel de instrucción, sino que se hable de ello. Que los ciudadanos conozcan lo que es o ha sido alguien, para así votar de manera informada, no es la cuestión, sino que no haya supuestas "campañas sucias", pero se reservan el derecho para definir el concepto "a su entender".

No hay ninguna disposición con base constitucional en el Código Electoral que faculte al Tribunal Electoral a multar medios de difusión o inclusive normar lo que se dice o no se dice en el curso de una campaña. Una ley secundaria no puede anular un derecho consignado en la Constitución, ni puede convertir a personas o medios de información en censores de otros.

Como se dice desde la Antigüedad, no tiene sentido cortarle la cabeza al mensajero por las malas noticias que trae, porque eso no cambia ninguna realidad. Y en este caso, querer tapar atrocidades, lavarle la cara a personas que cruzaron la raya de lo legal y la delincuencia, es volverse cómplice de una conspiración en la que los perdedores son los salvadoreños.

¿Se puede esperar algo de positivo de gente que ordenó o perpetró asesinatos? Inclusive, como lo recordó la hija de Carlos Herrera Rebollo, exministro de Educación ametrallado a mansalva, ¿esperarlo de individuos que dieron la orden de asesinar a personas que en algún momento estuvieron en las filas de la izquierda pero que luego rectificaron?

Como los mareros, que persiguen, en forma implacable hasta matarlos, a quienes dejan sus clicas y quieren rehacer sus vidas.

El TSE quiere cargar los dados a favor de los porta estandartes oficialistas, meneándose para salir al paso de revelaciones, críticas o perjuicios a su imagen, lo que no hace con ningún otro grupo.

Tampoco presta atención el TSE al hecho de que los candidatos oficialistas anuncien de antemano su disposición a someterse a la voluntad y directrices de regímenes extranjeros, de los cuales reciben dinero para su campaña, lo que los convierte en agentes de otros gobiernos.

Sólo gente capaz y honorable debe guiar a El Salvador

El Salvador enfrenta enormes retos en los próximos tiempos, uno de los cuales es reconstruir lo destruido por el actual régimen, incluyendo su crédito y su credibilidad como país y, otro, emprender el camino del desarrollo para en tal manera elevar la calidad de vida de los pobladores. Hay que acabar con la corrupción, con el amiguismo, con la práctica de numerosos funcionarios del partido oficial de meter en puestos públicos a sus parentelas y allegados, del despilfarro de recursos públicos, de la falta de responsabilidad.

Hay que recuperar la moral y el civismo, deteniendo la caída de muchos pobladores en actitudes cínicas, de indiferencia, de depender de lo que otros les den como con las remesas, o lo que puedan coger por allí.

Pero además hay que superar el odio y la violencia que envenena o victimiza a tantos en esta tierra, consecuencias de las prédicas de fanáticos, de la agresión de doce años que tanto destruyó y tantas vidas inmoló.

Reconstruir es tarea de los más capaces, de personas honorables, de gente con compasión y manos limpias. No son grupos de aventureros o gente desviada, amoral, quienes deben tomar en sus manos la conducción de un pueblo y el futuro tanto de las presentes como de las venideras generaciones.