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No importa quién lo haga pero que se rescate la vía

La vía actual y por estar diseñada para mover grandes cargas, sin curvas ni pendientes pronunciadas, es ya gran parte de la inversión requerida para reactivar un nuevo ferrocarril

Dios mediante prevalezca tanto el sentido común como el bien público y se vete la ley que distribuye, como terrenos baldíos e inservibles, porciones de la vía férrea a quienes las han usurpado, personas y familias que bien pueden mudarse a otras áreas como "Nuevo Mejicanos".

En esto, igual que con la ley que pretende fijar las tarifas de las aerolíneas, el Ejecutivo debe mostrar compasión por los superiores intereses nacionales, pues el daño que se causaría con esos exabruptos legislativos es muchísimo más grande que lo que se consigue de manera transitoria.

Hace poco tiempo se lanzó la ocurrencia de convertir al Puerto de La Unión en una terminal sólo para contenedores, lo que daría al traste con el principal de los propósitos que se tuvo con su construcción, cual es el de reactivar la economía y propiciar el desarrollo humano en el Oriente del país.

Pero eso no impide que una parte sustancial de la carga que maneje el Puerto sea, precisamente, de contenedores y que haya que mover gran parte de ellos al área Gran Metropolitana. Y la forma más eficiente de lograrlo es por la vía férrea, con el agregado de que, en esa manera, no se dañan ni se congestionan las carreteras del país, de por sí en deplorable situación.

La vía actual, por estar diseñada para mover grandes cargas sin curvas ni pendientes pronunciadas, es ya gran parte de la inversión requerida para reactivar un nuevo ferrocarril.

Y esto se puede lograr con un asocio público privado y con el concurso de grandes consorcios que se especializan en dicha industria, con la ventaja de que ciertos trayectos se pueden utilizar, además, como enlaces entre poblaciones cercanas.

Quien puede tomar el proyecto es secundario; nos da igual que lo lleve a cabo Alba-trenes y que los equipos se compren al Brasil al doble de su precio internacional; lo importante es adelantar una solución perdurable como, asimismo, proteger y descongestionar el tráfico vehicular de carreteras, que se han ido deteriorando rápidamente sin que se vislumbre una mejoría en su estado a causa de la ruinosa situación de las finanzas públicas.

Paso a paso machacan

a nuestro pobre país

Sobran razones para formar y preservar grandes conjuntos, comenzando por las economías de escala que se logran. Uno de los descalabros causados por la parcelización de las tierras fue la imposibilidad de realizar cultivos con uso de equipos especializados y, por lo mismo, muy costosos; es la diferencia entre un sistema de transporte atomizado, como el que agobia al país, versus sistemas integrados.

Es la tragedia de Haití, cuya tierra y economía están fragmentadas al máximo, carentes de grandes centros de producción, grandes fábricas, extensas siembras. Eso les imposibilita reunir los recursos para grandes obras públicas o para enfrentar catástrofes naturales; es lo que puede ocurrirle a El Salvador a medida que cae la inversión y no crecen las empresas.

La vieja vía férrea, que murió al no renovarse la concesión a El Salvador Railways por alegatos de que el gobierno de entonces, era muy capaz de administrar los ferrocarriles, es una ruta idónea no sólo para mover contenedores y grandes cargas, sino también líneas de transmisión, acueductos y ductos para gas, cables telefónicos… los usos están limitados por la imaginación.

Pero si se regala eso se pierde hasta que una legislatura con mayores luces revierta el proceso de machacar la República.