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Imponen a su aire con la espalda a las realidades

Los productores de la zona oriental han reiterado en varias ocasiones que el Gobierno debe sincerarse con los datos para poder alertar a la población a tiempo

Una leyenda negra dice que al saber la Reina de Francia, María Antonieta, que la plebe parisina clamaba por pan, burlonamente les recomendó "comer pastel", lo que en cierta manera sucede en nuestro suelo cuando las masas claman por frijoles: el MAG dice que abunda, pero que malos especuladores lo han escondido justo cuando harían su agosto inundando el mercado ahora que es el momento de vender, no de "acaparar".

Qué piensan y qué saben en los arcanos y cerrados recintos oficialistas sobre frijol, es uno de los grandes misterios del momento, pues nadie que siembre, coseche, comercie, exporte, embodegue o maneje frijol, o cualquier producto agrícola, ha tenido acceso al templo del Ministerio de Agricultura, al Ministerio de Economía y a la Defensoría del Consumidor (MAG-MINEC Y DC) pese al espectacular descubrimiento que han hecho: hay carestía, dicen, a causa de "especuladores perversos" y "a la politiquería", como de seguro piensan que escasean las medicinas por una similar causa, que los malos espíritus son culpables de que tantas escuelas estén al borde del derrumbe, y etcétera.

El primer régimen de izquierda que tuvo el país, el de los duartistas, llevó a la ruina a gran parte de la agricultura con sus reformas, como los del actual régimen contribuyeron con las depredaciones a lo largo y ancho del territorio, con el saqueo fiscal y ahora con las restricciones a las exportaciones.

Sobre el bailoteo propagandístico el presidente de la Asociación de Productores Agrícolas de Usulután (Aspau), Daniel Prado, dice que "si de verdad (el MAG) tuviera un verdadero control no estaría en esta zozobra y además podría garantizar que el país tiene la producción récord de 2.6 millones de quintales de frijol que dice tener".

Los "campesinos de escritorio"

son los parteros de la escasez

Los productores de la zona oriental han reiterado en varias ocasiones que el Gobierno debe sincerarse con los datos para poder alertar a la población a tiempo y además establecer medidas serias para aminorar los impactos de la crisis. "Ellos solo toman medidas coyunturales para resolver la situación, no prevén con anticipación", declaró el representante de Aspau.

Lo último es que sin decir "agua va" (expresión también de aquellos tiempos anteriores a la Revolución Francesa, cuando de las casas vaciaban en la calle las aguas sucias sin previo aviso), el régimen dispuso prohibir las exportaciones, afectando a firmas y agricultores que tenían contratos firmados y que se exponen ahora a serias multas por no cumplirlos. El Salvador queda además como país no fiable.

Eso es explicable, pues el régimen en ningún momento ha dado señales de comprender la naturaleza de los contratos ni el valor de la palabra empeñada, como ocurre en frecuentes plenarias legislativas que se llega con algo entendido y pactado pero a la hora de las horas la aplanadora pisotea todo.

Hay, en esto de la agricultura, de la producción de alimentos y bienes que se exportan, una regla de hierro, inconmovible: manipular las exportaciones es la forma más rápida de reducir cosechas, pues quienes trabajan la tierra quedan sometidos a las ocurrencias y el desconocimiento de políticos, de esos "campesinos de escritorio".

Y los campesinos de escritorio, aquí como en Venezuela, en Cuba y en la despanchurrada Unión Soviética, son los parteros de la escasez, los causantes de que en los mercados haya muy poco o nada de pollo, carne, leche, cereales, verduras, queso, aceite...