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Ignoran a empresas solventes y contratan "pequeños talleres"

No hay movimiento comunista, o régimen de ese signo, que promueva la democracia electoral, que respete resultados cuando les son adversos y que no haga todo lo que está en sus manos o para perpetuarse

La coartada de los rojos para haber asignado a más de veinte empresitas los controles, recuentos y supervisión del último proceso electoral no soporta los cuestionamientos: ellos, afirman, quieren fomentar a la pequeña empresa de El Salvador, tengan o no experiencia alguna o capacidad para desempeñar las responsabilidades que se les asignan.

Y de allí que en lugar de contratar a una empresa probada, solvente, honesta y de nivel internacional, el proceso quedó en manos de pequeños grupos, sin descartarse que entre ellos hubiera gente vinculada al oficialismo.

Una elección es algo muy serio e importante para andar haciendo experimentos, más cuando es muy difícil determinar la solvencia moral que tienen los contratados o la capacidad para cumplir con las funciones que se les asignan.

Se dice que algunos en el TSE o a cargo del proceso hicieron todo lo que estuvo a su alcance para confundir, desordenar, retardar y engañar, lo que encaja con la oposición del comunismo a la democracia y a la transparencia electoral, que va desde ametrallar filas de votantes como durante la década de los Ochenta, hasta la compra de voluntades.

La finalidad, aseguran algunos, es para mantener el control de la mayoría simple en la Asamblea, que les asegure seguir legislando en lo que les conviene.

La maniobra pudo contribuir al retardo de los recuentos, las muchas anomalías que han ido surgiendo, el que una familia entera no encuentre sus votos en la urna que les fue asignada, el manoseo que oficialistas y sus aliados están haciendo de los residuos, lo de "vamos a cambiar de local" y luego quedarse, los contratos vencidos en los hoteles y la negativa de permitir que periodistas entren a los lugares de votación.

El proceso está tan lleno de irregularidades y confusiones como para investigar todo a fondo, abrir las urnas y contar los votos en sitios en los que hay claras manipulaciones.

Precisamente a esto se agrega el incumplimiento de lo dispuesto en el artículo 272 del Código Electoral, que manda anular las actas y abrir urnas para realizar nuevos conteos, al detectarse anomalías o falsificaciones. Al no hacerlo, los miembros del TSE caen en delito grave.

Son incompatibles la democracia

y los regímenes comunistas

Desde siempre los comunistas emplean similares o iguales tácticas cuando se trata de elecciones de lo que sea: son expertos en los retardos, hacen lo posible para agotar físicamente a los otros de la mesa, montan interminables peroratas, acusan sin fundamento... hasta que al llegar la madrugada y ver que muchos ya se retiraron, votan levantando la mano para asegurarse de que ninguno entre ellos se les salga del tarro.

La primera pésima señal fue proceder al conteo de los votos del Parlacen, que observadores consideran como una manera de ganar tiempo para revolver más el asunto y manipular los conteos en las urnas.

A todas luces, lo que ocupa a los rojos es evitar que se abran las urnas con anomalías, como entre otras cosas ha denunciado Will Salgado en San Miguel, que asegura tener pruebas fehacientes de ello.

Tratan de impedirlo porque no hay movimiento comunista, o régimen de ese signo, que promueva la democracia electoral, que respete resultados cuando les son adversos y que no haga todo lo que está en sus manos o para perpetuarse como en Venezuela y Nicaragua, o simplemente, atacar la democracia, destruirla.