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Es hora de despertar: estamos en plena Era Industrial

Dadas las carencias presupuestarias debido a los despilfarros y los pomposos viajes al exterior, si les dicen que van a pagarles en mayo nada extraño será que no lo hagan hasta diciembre

La entrega de zapatos y uniformes a los escolares ha sido el programa estrella del régimen salvadoreño, o más bien el único publicitado pero que, desde sus inicios, viene tropezando con dificultades, retrasos, problemas para los proveedores y descontento de las familias.

Una de las fallas más lustrosas es exigir elaborar zapatos "a la medida" para cada niño, en lugar de hacerlos siguiendo los patrones usuales en la producción industrial. En los viejos tiempos, y lo que algunas personas aún acostumbran, los zapatos se elaboraban para cada cliente: el zapatero tomaba las medidas, hacía una horma, que quedaba guardada para repetir nuevos pares, montaba el cuero sobre ella, pasaba el cliente a medirse para corregir fallas… como los artistas de cine con sus zapatos a la medida que pueden costar de mil y tantos dólares el par y muchísimo más.

El gran avance se dio con la industrialización, la gran iniciativa de Roberto Palomo, que puso al alcance de todos los salvadoreños, zapatos de buena calidad a precios bajos. Sólo unas cuantas mujeres siguen comprando zapatos a la medida, aquí, en El Salvador.

Como en mucho de lo que hace el actual régimen, se va de reculada al exigir zapatos a la medida de cada escolar, en vez de hacer patrones para las diversas medidas. Nadie va a un almacén y pide un par de zapatos 9.375 de tamaño, sino o nueve o nueve y medio, según la marca.

El problema es que muchos de los funcionarios no se han dado cuenta de que. desde hace tres cuartos de siglo, El Salvador entró en un proceso de industrialización, de que el zapatero artesanal quedó para modelos especiales y clientes exigentes.

Si no les pagan, recurran a asociaciones holandesas o suecas

Los "zapatos a la medida" requieren mucho más trabajo que zapatos de tallas estándar. El zapato "a la medida" obliga a los artesanos a ir a las escuelas, tomar las medidas de cada niño, hacer el zapato, volver a probarlo cuidando de no dar a Pedrito el que corresponde a Juanito…

Si, además, por falta de pago se retrasan las entregas, puede ser que el pie del niño haya crecido y el zapato no ajuste bien y lo martirice.

A ello se agrega otro problema, de acuerdo con lo que han declarado a EL DIARIO DE HOY varios dueños de talleres: que el Ministerio no les adelanta dinero ni es garante de los préstamos que hagan los talleres para comprar materia prima, adquirir los implementos y la maquinaria que sea necesaria, pagar a su personal, pagar alquileres, pagar IVA por lo que compran, etcétera.

Y dadas las carencias presupuestarias debido a los despilfarros y los pomposos viajes al exterior, si les dicen que van a pagarles en mayo nada extraño será que no lo hagan hasta diciembre, o que lo difieran al siguiente Gobierno.

¿No tienen dinero? Pues consigan la firma solidaria de un pariente o familiar y soliciten un crédito al banco. Y si el director de la escuela donde han tomado las medidas de los zapatos rechaza el producto, pues escriban a las organizaciones caritativas del exterior, sobre todo a las suecas que tanto se desvelan por "los pobres" de América, para que les ayuden…

Lo mismo, se nos dice, sucede con sastres y costurerías, que también elaboran ropa a la medida.