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Hay “seguridad alimentaria” cuando hay libertad económica

La falta de agua es más resultado de la falta de imaginación de los gobernantes que de otra cosa, pues si se fomentara la formación de reservorios y se pagara por el agua producida, los niveles acuíferos se recuperarían

La única forma de lograr la “seguridad alimentaria” de un país es liberar la agricultura y la economía de controles, fomentar la inversión, reducir impuestos, facilitar las exportaciones y, además, importar sin que pesen altos aranceles.

O, como se dice desde siempre, la fertilidad de los campos está en relación directa con la libertad económica, lo que precisamente se viene socavando desde hace años en El Salvador.

Y el ejemplo más contundente de lo que no se debe hacer lo brindan tanto Cuba como Venezuela, que en su momento fueron más que bonancibles y producían enormes excedentes de azúcar el primero y suficientes alimentos para sostenerse el segundo, pero ahora son países donde apenas alcanzan la agricultura, la pesca y la agroindustria para mal sostener a los pobladores, a quienes les racionan leche, fruta, alimentos básicos, carne, huevos, harina...

Además de ir siguiendo esas huellas, sobre El Salvador pesan los nefastos efectos de la Reforma Agraria, impuesta en 1980 y luego perpetuada por los sucesivos gobiernos.

“Seguridad alimentaria”, hay que decirlo, no significa necesariamente que un país va a producir todos los alimentos que requiere, sino que tendrá los recursos suficientes para producir pero, asimismo, para importar cuando hay faltantes.

Andorra se alimenta con lo que importa de España y de sus vecinos como Gibraltar; Japón es otro caso, pues no alcanza a sembrar todo el arroz que consume ni menos --lo que es de antología-- los melones que allá llegan a costar más de cien dólares cada uno.
Nuestras ciudades no son “autosuficientes” como tampoco lo es el gerente de un banco...
 

Hay obsesión por los precios
y poca atención al productor

 

Hasta la Reforma Agraria que vino a imponer un tal Prosterman,  que había previamente arruinado la agricultura de varios países de Asia, la agricultura salvadoreña iba bastante bien, logrando entre otras cosas un alto nivel de refinamiento en sus operaciones, generando mucho empleo para técnicos, profesionales diversos, fitosanitarios, veterinarios, etc., y alta productividad en numerosos rubros como en algodón, tocando los talones a Israel, lo que es una gran proeza.

Pero con la Reforma todo se derrumbó y las tierras más productivas del país pasaron al poder de jornaleros, que las tienen en la gran tristeza hasta el día de hoy.

Por su lado, el grupo en el poder se las pasa dando palos de ciego en las cuestiones agrícolas, como lo expresa Luis Treminio de la asociación Campo: “Un problema que tenemos es el de los precios, el Ministerio pareciera ser el de Economía, pues anda más preocupado por los compradores que por los productores”.

Y a ello se suma el desquiciamiento del clima a consecuencia de El Niño, que se pronostica será peor el venidero año que ahora, lo que significa escasez de agua, tener que recurrir a regadíos y sufrir nuevas pérdidas en las cosechas.

La falta de agua es más resultado de la falta de imaginación de los gobernantes que de otra cosa, pues si se fomentara la formación de reservorios y se pagara por el agua producida, los niveles acuíferos se recuperarían y no estaríamos cayendo en una espiral de calamidades.

Muchas de las tierras abandonadas podrían transformarse en lagunetas...