Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

Hay que dialogar y analizar pero sobre bases sensatas

Ambas partes deben comprometerse a razonar, a no mentir, a respetar el Orden de Derecho que ha venido rigiendo el mundo, con sus altos y bajos, desde hace milenios.

La mayoría de personas en nuestro país y en el mundo se esfuerza por lograr entendimientos y en tal forma construir sociedades pacíficas y progresistas, pero para que tal cosa se alcance es menester definir los principios sobre los cuales se va  a dialogar, del término “dia-logos” que significa “llegar a la verdad a través de la razón”.

Diálogo no es negociación, ni “quita y daca” ni regateo ni menos matonería. Diálogo es discutir, analizar y llegar a conclusiones pero partiendo de principios evidentes en sí mismos como son los de la lógica y la moral.

Ambas partes deben comprometerse a razonar, a no mentir, a respetar el Orden de Derecho que ha venido rigiendo el mundo, con sus altos y bajos, desde hace milenios. En la estela del rey Hamurabi de Babilonia, vieja en cuatro mil años, se encuentra ese mismo espíritu.

En una entrevista radial, el señor Medardo, el que capitanea a los comunistas, dijo que “llegar a acuerdos que no sean pacíficos” no está en su agenda y recalcó que el diálogo sigue siendo necesario.

Lo dice cuando se celebran actos en memoria del expresidente Francisco Flores, muerto a causa de la violencia, los vejámenes y las campañas mediáticas y de insultos que quebraron su alma y su cuerpo y lo llevaron a una muerte prematura.

Y si tal es el espíritu del diálogo, no se comprende cómo se llega al choque --que puede ser de inesperadas consecuencias para nuestro país-- del gobierno y el cuerpo de Policía, comenzando por anunciar que van a disciplinar “a los que encabezan el movimiento y que no detuvieron la marcha hacia Casa Presidencial”.

Es un caso donde se hace de lado la negociación, sentarse a hablar, para salir con el garrote desenvainado como el ya difunto Mayo Sibrián.

Los policías, ya se dijo, tienen derecho de externar sus quejas y exponer los problemas que sufren, pero no de extorsionar a la sociedad entera. De allí que buscar salidas y discutir es lo necesario, inclusive analizar si los nombrados en el cuerpo para dirigirlo y en la cartera de Seguridad tienen la capacidad y las credenciales morales para hacerlo, lo que muchos dudan ya que están  donde están no por su experiencia sino simplemente por ser aparatchiks del Partido Comunista.

Hay otros numerosos asuntos que se deben analizar con lógica y sensatez. Es grave la no renuncia de los comunistas a la prédica del odio, desde aquello de “luchar contra las oligarquías neoliberales” hasta la permanente insultadera del “señor de los Troles”.
 

No se trata de robar ahorros,
sino de cortar despilfarros
 

 Construir Patria requiere el esfuerzo de todos, pero esto no se va a alcanzar  mientras el partido en el poder no abandone sus posturas retrógradas, sus odios y sus supersticiones y se inserte en el mundo de la gente decente, de trabajo, que cree en Dios, que se esfuerza por convivir con sus semejantes.

No se trata de hacer causa común con las dictaduras del Hemisferio, con bandas criminales como las FARC, con las pandillas que asuelan a nuestra tierra por ser sus aliados en épocas electorales, de hacer un mejor país.
 
No se trata de robar los ahorros de los trabajadores, cuanto eliminar despilfarros y erradicar corrupción.