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Hay que buscar la salida al horror que prevalece

El espanto que se cierne sobre los niños de Siria es un aviso de lo que puede ser el destino de los niños salvadoreños, expuestos a los lavados de cerebro, a los reclutamientos forzados

El año horribilis llega a su final, un lapso en el que continuó la caída moral, social, política y económica del país, la tierra de todos nosotros, sacudida por la violencia, la corrupción, la venalidad de un régimen incapaz y el fanatismo.

Somos parte de un mundo que no logra salir de una imparable recesión, en el que los remedios fáciles ya no funcionan ---"estimular" imprimiendo dinero como ocuparse del empleo sólo cuando es para la clientela partidista---. Y el otro expediente, subir impuestos, aletarga más la economía pues destruye el ahorro y ahuyenta la inversión.

Los más golpeados en este escenario son los jóvenes que con dificultad encuentran trabajo, las personas sin habilidades, los viejos, los jubilados y los pobladores de las periferias de las ciudades, a lo que se suma el permanente acoso de las pandillas criminales.

Pero las cosas andan mal en muchas regiones del mundo, como lo atestiguan los atentados terroristas en Rusia con un alto saldo de víctimas inocentes, las agresiones en África por bandas islámicas fundamentalistas, la caída de muchos países iberoamericanos en manos de regímenes populistas aliados con la droga y las carnicerías en Corea del Norte.

A ello se suma el colapso de países del Oriente Medio propiciado por fanáticos musulmanes, el desastre de Siria, el continuado apoyo de Irán a la subversión mundial y la pérdida de liderazgo de Occidente, que entregó a Rusia la dirección política de la vasta región.

La destrucción de Siria por Assad, lo usual de los regímenes dictatoriales que están dispuestos a arrasar un país y matar a centenares de miles pero no entregar el poder, es resultado del vacío de autoridad que se generó cuando Estados Unidos dejó a su suerte a los opositores de la dictadura, a las minorías cristianas y a la gente pacífica.

Las principales víctimas del horror sirio son los niños, centenares de miles de ellos en campos de refugiados o viviendo entre escombros, sin patria y sin futuro.

El espanto que se cierne sobre los niños de Siria es un aviso de lo que puede ser el destino de los niños salvadoreños, expuestos a los lavados de cerebro, a los reclutamientos forzados, a las amenazas de las maras contra los centros escolares y contra sus comunidades.

La tragedia de los niños de Siria es la vergüenza de toda persona civilizada.

Recuperemos la moral, el civismo, la sensatez y la decencia

Hay, en este cuadro desgarrador, rayos de esperanza, como el de la jovencita pakistaní de diez y seis años que se ha convertido en el símbolo de la emancipación de la mujer, como el caso de la violación y asesinato de una niña hindú que está cambiando de raíz la conciencia de su país.

Y aquí, al lado de la ensordecedora propaganda a favor de los candidatos rojos, gente sin instrucción y de siniestro historial, hay un renacer del civismo, del deseo de corregir las lacras que agobian a este pueblo, de recuperar el Orden de Derecho.

Hay guías seguras en la oscuridad; debemos recuperar los principios morales, la racionalidad en la conducción de los asuntos públicos, la decencia en el manejo del patrimonio común, la serenidad y el respeto a la vida y el esfuerzo de otros. Es lo que nos pondrá a salvo de las fieras que acechan.