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¿Hay en el mundo oligarquías que se puedan expropiar?

Cuando los golpistas del 79 se lanzaron a tomarse los bancos, las exportaciones y las tierras pensaban que esas maravillas iban a seguir produciendo riqueza, pero en cosa de seis meses las habían quebrado

El gran pintor valenciano Joaquín Sorolla tuvo una significativa época neoyorquina, gracias a lo cual en la metrópolis se encuentra parte de lo más preciado de sus obras, entre ellas unos pequeños cuadros, apuntes, que pintaba en un par de horas captando escenas de la vida callejera como se veía desde su hotel.

Sorolla tuvo una gran acogida por la sociedad neoyorquina de ese entonces, muchos de cuyos preeminentes miembros le encargaron retratos de ellos mismos, de sus mujeres y hasta de sus amantes. Y esas obras, mudos testimonios de un refinado ambiente, han quedado para deleite de la posteridad.

Pero ninguno de los retratados tuvo una descendencia que figure hoy en día, comprobando la admonición de un refrán español que dice: “Padre millonario, hijo caballero, nieto pordiosero...”

Son fugaces las glorias del mundo...

Lo que nos lleva a la gran cruzada que anunció Medardo, el que dirige a los comunistas, que la lucha roja será contra “las oligarquías neoliberales”, un fantasma que han cocinado como la imaginación de Don Quijote fabricó gigantes de unos simples molinos de viento.

De existir en la actualidad oligarquías como fue la nobleza europea durante siglos, con beneficios, privilegios y rentas establecidas por tradición, incluido el ius primae noctis, en cada país existirían castas inamovibles y familias aristocráticas. Y los poderosos del tiempo de Sorolla seguirían siendo los poderosos de hoy.

Pero eso únicamente tiene lugar en los odios y fanatismos de la extrema izquierda, lo que mueve Evo, Correa y Maduro, al igual que a sus pares en El Salvador.

De haber pintado Sorolla a las preeminentes familias oligárquicas en nuestro país, en 1900 (como en la época de su período neoyorquino) y luego repetido el ciclo en 1930 y más tarde, en 1960 y, finalmente, en 2015, los retratados serían todos distintos a causa de la enorme movilidad de capitales, de sectores y de la economía.

Industrias y modalidades de comercio muy en boga hoy en día no existían hace sesenta años, como han desaparecido almacenes estrellas de entonces (París Volcán, El Siglo, etcétera).
 

Los izquierdos son maestros
en arruinar lo que funciona bien 
 

Los rojos, de seguro, se catalogan como la “now generation”, la generación de ahora, que quiere caerle encima a los bienes y a los negocios de hoy. Lo que fue o pueda venir no interesa; es esa fábrica y esa boutique y esa organización la que quieren disfrutar. Y para ello, se lanza la gran cruzada.

Lo que no se toma en cuenta --y lo hemos advertido en diversas ocasiones-- es que “esa fábrica y esa agroindustria y esa organización” se esfuman desde el momento en que la dinámica  que les da vida termina, como el violín, sin la habilidad y el saber del violinista, se convierte en un pedazo de madera con cuerdas. Al ir en una carrera atolondrada tras la botija de oro al pie del arco iris, lo que va a destruirse son las organizaciones productivas que generan empleo y dan de comer a los salvadoreños.

Los que ignoran la historia, inclusive la muy reciente, están condenados a repetir sus errores. Cuando los golpistas del 79 se lanzaron a tomarse los bancos, las exportaciones y las tierras, pensaban que esas maravillas iban a seguir produciendo riqueza, pero en cosa de seis meses las habían quebrado.