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Hay mucho humo y promesas pero nada efectivo sobre la mesa

Lo lógico es que El Salvador pida asistencia a la comunidad internacional y gobiernos extranjeros para que envíen misiones para analizar la situación, idear estrategias para combatir la delincuencia y apoyar movimientos que por hoy llamaremos de

"Que el país esté patas arriba”, según el decir popular, no parece afligir al partido en el poder, que sigue imperturbable con su Sitramss, sus ataques a los medios, sus negocios (ahora es la geotermia) y su incapacidad para combatir la desbordada violencia.

Los últimos dos días han sido de sufrimiento colectivo a causa del asesinato de seis motoristas del transporte urbano y del paro forzado de buses, lo que ha agudizado el caos en las vías públicas y obligado a decenas de miles de salvadoreños o a ir a pie a sus trabajos, o a quedarse en casa. Y la alternativa, camiones y pick ups, es carísima para la mayoría de personas.

Todo esto ocasiona graves costos personales y colectivos; si un día feriado, de esos producto de las ocurrencias de los rojos, cuesta más de sesenta millones de dólares a empresas y negocios, los desquiciamientos provocados por el paro son de cuentas similares. Y si algo no merece El Salvador son mayores cargas y mayor deterioro económico.

Desde la funesta presidencia previa se contemplan los fútiles planes para combatir el crimen organizado, que van de operativos efectuados en lugares donde los delincuentes vuelan de antemano, hasta las treguas, que a juicio de la mayoría de pensantes no sólo nada resolvieron sino que la lacra se agudizó.

No sólo se agudizó, sino que se han producido atentados en la propia capital, al mismo tiempo que se pasa de armas cortas a armas largas y a agresiones sincronizadas.

A estas alturas el partido en el poder debería entender que no tiene ni la capacidad ni los recursos para afrontar y detener la agresión. Y siendo así lo lógico es que El Salvador pida asistencia a la comunidad internacional y gobiernos extranjeros para que envíen misiones para analizar la situación, idear estrategias para combatir la delincuencia y apoyar movimientos que por hoy llamaremos de recuperación territorial.

Pero no lo hacen aparentemente por una causa muy poderosa: no quieren que entidades del exterior constaten el desorden, las complicidades y la inefectividad que privan dentro de la Policía y el aparato estatal de seguridad.

No quieren que el mundo se dé cuenta de que el espionaje de políticos y de sectores es de mayor prioridad para el partido oficial, que combatir y erradicar las pandillas. Más se han ocupado de Roberto Rubio que de los cabecillas pandilleros en Soyapango o en San Martín, no digamos de las directivas de ANEP o lo que hacen los médicos rebeldes del sistema de Salud Pública, incluyendo los acosados galenos que resisten las torpezas ministeriales.

¿Es que El Salvador está camino
de ser un Estado fallido como Somalia?

 Un diputado de ARENA ya dijo que El Salvador está en proceso de hundirse en el fracaso, de ser un Estado fallido como Somalia. No en vano el FMI dijo que los endeudamientos (Dios sabe adónde va a parar ese dinero, aunque no cuesta imaginarlo) están llevando al país al borde de la insolvencia, sin la capacidad financiera de enfrentar una crisis.

Las funciones esenciales de un gobierno consisten en mantener el Orden Jurídico, la convivencia, el sistema democrático, la seguridad física y el buen funcionamiento del sistema productivo, vale decir de lo que nos da de comer.

Y ese “dar de comer” es lo que con el paso de los meses está más y más en riesgo.