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Hay deudas para hacer obra y deudas para despilfarrar

El régimen contrajo deudas en gran medida para despilfarrar y pagar burocracia innecesaria, como los veinte mil puestos creados a dedo al inicio de la actual presidencia.

En el último año la deuda externa del país se incrementó en 1300 millones de dólares, deuda que se adquirió para gasto, fiestas, sostenimiento de la enorme burocracia, suntuosos viajes al exterior y para cubrir faltantes, no para hacer obra perdurable o mejorar servicios públicos.

Pero "el noventa por ciento" de la deuda, dice el expresidente del Central lo heredó el actual régimen. Los malos de la macabra película serían las tres primeras presidencias de ARENA.

Lo que no se dijo, sin embargo, fueron las causas de ese previo endeudamiento, que no cuesta enumerar:

--la primera, la reconstrucción obligada de lo destruido por la guerrilla a lo largo de doce años de guerra contra el país, una matanza provocada por su proyecto de hacerse con el poder. O como lo decían entonces, "lucha armada hoy, socialismo mañana";

--la segunda, la reconstrucción obligada de los daños de los dos grandes terremotos del 2001;

--la tercera, la ejecución de grandes obras como la red de carreteras, el ahora abandonado Puerto de La Unión y su correspondiente infraestructura, hospitales, incremento de la generación eléctrica, etc. Específicamente se pueden citar los grandes pasos a desnivel en la capital, el Anillo Periférico, la carretera al Puerto de La Libertad, el bypass de Usulután, el tramo de El Poliedro hacia Santa Ana y otras muchas.

Entonces se adquirió deuda para hacer obras perdurables de beneficio. En los últimos ocho años se suscribió deuda para gasto.

La deuda es, por lo general, un financiamiento para expandir operaciones, adquirir tecnología y maquinaria, construir, reponer lo desfasado. Es lo que los emprendedores hacemos para crecer y hacen los buenos gobiernos para mejorar la infraestructura productiva de un país.

Pero al endeudamiento del último año hay que agregar lo que el actual régimen debe a los proveedores internos, así como el deterioro de los servicios públicos y del mantenimiento de infraestructura lo que, eventualmente, tiene que pagarse o ejecutarse a menos que nos resignemos los salvadoreños a terminar muy pronto como Haití, o peor todavía, como Cuba.

Al no haber mantenimiento se adquieren nuevas deudas

El régimen contrajo deudas en gran medida para despilfarrar y pagar burocracia innecesaria, como los veinte mil puestos creados a dedo al inicio de la actual presidencia.

Pero al no dar mantenimiento a mucha de la infraestructura y descuidar el equipamiento de hospitales, como es el caso de las lavadoras de ropa del Zacamil, hay una deuda no contabilizada, invisible, que se debe sumar a los mil trescientos millones de dólares. Es el caso de la red de carreteras construida en el quinquenio de la administración de Flores, que se está deteriorando rápidamente y que, tarde o temprano, habrá que reparar o reponer.

Hay otra diferencia esencial entre las dos deudas, la contraída antes de la llegada al poder del actual régimen, y la suscrita en los últimos ocho años: la deuda que sirvió para reconstruir y crear infraestructura eleva la capacidad del país para producir e intercambiar, y por tanto es "autoamortizable", valga la expresión.

La deuda que es para gasto o consumo, por el contrario, no sólo no nos hace más productivos, sino también destruye el carácter de muchos pobladores convirtiéndoles en dependientes de subsidios y ayudas.

Como hemos dicho anteriormente, una cosa sería destinar presupuestos a mejorar la infraestructura escolar y con ello contribuir a que los niños obtengan una superior educación, y otra son los repartos de uniformes, que no conducen a ninguna parte. Es obvio que no hay voluntad para rectificar ni errores ni ocurrencias.