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No hay accidentes como tales, sino errores e imprevisión

Tirar a la basura lo inservible es, simbólicamente, lo que mueve a las resoluciones de año nuevo: todos quieren dejar tras de sí malos hábitos, perezas, el fumado o empinar el codo con más frecuencia de la debida

No hay “accidentes”, se dice en sicología, sino imprevisión, errores de cálculo, estupideces o descuidos. Y fue por estupidez sumada a descuido que una muchachita de cinco años murió quemada después que diera fuego a un basurero lleno de papeles con solvente, tíner.

La criatura estaba solita, como otro niño que resultó con graves quemaduras y se encuentra todavía bajo tratamiento para salvarle la vida.
No dejen a niños solos ni dejen velas encendidas al santo, una costumbre que ha costado la vida a muchos infantes en El Salvador.

 La basura, al igual que los objetos inservibles, aparatos que no funcionan, chatarra automovilística, viejos enseres domésticos, debe ser retirada, llevada a un basurero, lejos de las viviendas. Lo que no sirve hay que botarlo.

Y eso hacen muchas familias, negocios, fábricas, lugares de trabajo para evitar que un cohete o mortero caiga sobre desperdicios y les dé fuego, una de las causas usuales de incendios en esta época del año.

“Sacar la basura” era una costumbre de los romanos, que el 31 de diciembre, en la festividad de San Silvestre, tiraban por la ventana todo lo inservible, desde cacerolas quemadas hasta muebles, lo que causaba perjuicios, heridos y llegaba a destruir el coche deportivo estacionado debajo de una ventana de imprudentes.

Tirar a la basura lo inservible es, simbólicamente, lo que mueve a las resoluciones de año nuevo: todos quieren dejar tras de sí malos hábitos, perezas, el fumado o empinar el codo con más frecuencia de la debida. Y, por algunas semanas, se esfuerzan para cumplir con lo prometido a sí mismos hasta que, lentamente, muchos caen de nuevo en lo que quisieron dejar atrás.

Así como “se tira por la ventana lo inservible”, numerosos negocios aprovechan la llegada de un nuevo año para revisar procedimientos, evaluar a su personal, introducir mejoras y, en tal manera, ser más competitivos.

Eso es de especial importancia en momentos en que la economía va en descenso, los productores, comerciantes y agricultores están más y más acosados y los costos van al alza. Y uno de estos costos es la ocurrencia de los titulares de Trabajo de subir el salario mínimo, sin medir los efectos negativos que ello acarrea, siendo el más grave el desempleo resultante.

No han logrado entender que en momentos de crisis o de dificultades económicas  no se suben artificialmente los costos de los productores ni se elevan los salarios.
 

La problemática nacional
exige del pensar de todos
  

 A esto se suma lo que puede sobrevenir al país con la repatriación de centenares de miles de connacionales, tanto en lo concerniente a la seguridad, como en la demanda de empleo.

Llegan con necesidades y demandas los repatriados pero también muchos de ellos con ideas y la urgencia de hacer algo por sí mismos. Y como en el caso de los niños que nacen ---lo que recuerda la frase de nuestro fundador de que “cada niño que nace viene al mundo con su pan bajo el brazo”---, la mayoría de los que llegan también aportarán lo suyo al bienestar general.

La problemática de una nación, considerando que es imposible para nadie o un grupo estar al tanto de todo, exige, para salir adelante, que se analice, discuta, intercambie ideas, se trabaje información, se piense. Y pensado, pulido y preparado, se presente a la opinión pública.