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Hablan de burbujas los que están metidos en ella

Lo primero que está por esclarecerse es la validez de que un Poder del Estado use fondos públicos para atacar a otro Poder, recursos que sustrae de lo que debería utilizarse para cumplir con objetivos de utilidad pública.

Que no es un ataque a la Sala de lo Constitucional la masiva campaña del oficialismo acusándola de entorpecer la lucha contra la delincuencia, aseveró el comunicólogo principal del gobierno, para quien "algunas de sus resoluciones (de la Sala) carecen de la dimensión del contexto nacional.... son resoluciones hechas en la burbuja de la academia del conocimiento jurídico y desarraigadas de la realidad del dominio de los graves problemas que vive el país".

Lo primero que está por esclarecerse es la validez de que un Poder del Estado use fondos públicos para atacar a otro Poder, recursos que sustrae de lo que debería utilizarse para cumplir con objetivos de utilidad pública.

El comunicólogo ignora que el orden legal de un país no es "una burbuja de la academia del conocimiento", según su inaudita y destartalada frase, sino un cuerpo de leyes que se ha construido a lo largo de milenios y aprobado por sucesivas legislaturas en nuestro El Salvador.

Es claro que para los comunistas, que viven en la burbuja del odio, de las supersticiones y de la amoralidad, las leyes pueden pisotearse a su antojo, estirarlas y descartarlas de acuerdo con sus apetencias y finalidades. Y por eso se montan interminables juicios contra sus opositores al mismo tiempo que se tapan corrupciones y abusos de parte de sus élites.

Los exabruptos del grupo en el poder, que igual ataca al sector productivo nacional como "al imperialismo", son la más fehaciente prueba "del grave problema que vive el país", el descomunal problema creado por las políticas, actos y desafueros del partido oficial y de lo que viene imponiéndose desde hace más de diez años.

Ábranse, señores, al orden civilizado

Volvamos a la "burbuja"...

Al cerrarse a toda comunicación racional con los sectores vivos del país, a entenderse con productores y gremiales, a negociar acuerdos con los partidos de oposición, a no darse por enterados del desastre de sus proyectos como el Sitramss, a no darse cuenta de las consecuencias que para un país tiene un desbordado endeudamiento, a quitar gente experimentada de puestos públicos para colocar parientes y correligionarios, son los comunistas quienes se han metido en una burbuja impenetrable.

Una de las consecuencias de esa burbuja es que somos ahora el país más violento de la región, sobrepasando a Honduras.

Y se sigue en la burbuja manteniendo la seguridad pública en manos de gente que no ha podido ni querido entenderse con profesionales en ese campo y trabajar con naciones vecinas.

El signo de la civilización actual --y por civilización se debe entender lo que se rige por el Derecho-- es la evolución permanente, el imperio del conocimiento, la competitividad y el acatamiento de normas racionales y moralmente válidas. Eso no es invención de la burguesía ni maquinaciones imperialistas, aun cuando existen y operan en el mundo fuerzas siniestras.

En estos meses se celebran los ochocientos años desde que el Rey Juan sin Tierra firmó la Carta Magna, un documento que reafirmó principios de Derecho y de Justicia viejos en milenios hermanado, entre otros, con el Código de Hamurabi, el Derecho Romano, las enseñanzas del Cristianismo y la Declaración de Independencia de los Estados Unidos.

Salgan los rojos de su siniestra burbuja y ábranse a la civilización.