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Grecia, su luminoso pasado y la amenaza de bancarrota

Ya en el Siglo V, antes de Jesucristo, los atenienses cayeron bajo la maldición de los traficantes de ilusiones, que envenenaron sus mentes, les empujaron a guerras fratricidas, destruyeron sus libertades

La alegría de una porción de la vida en Grecia, desde sus maravillosos parajes, mar turquesa, islas de ensueño y aldeas blancas, contrasta con su crisis económica, las convulsiones políticas y la perspectiva de un empobrecimiento general como resultado de sus irresponsables prácticas previas.

La Grecia que surgió del derrumbe de la monarquía, en 1973, fue víctima de demagogos que montaron una artificial bonanza endeudándose, hasta que la burbuja estalló, el Estado bienestar se vino abajo como un castillo de naipes y si no se logra un acuerdo con Europa, caen en la insolvencia.

La insolvencia significa salir del euro, resucitar el dracma y con ello el espectro de la inflación monetaria, incapacidad para importar bienes esenciales, sostener mucha de su industria, sufrir carestías y altos precios.

Grecia puede recuperar el turismo si cesan los desórdenes callejeros, pues continúa ofreciendo el embrujo de su pasado, la majestad de la Acrópolis y del Partenón, el santuario de Delfos donde se puede ver el ombligo del mundo, el teatro de Epidauros y la fiesta permanente de Plaka en las vecindades de Atenas.

Grecia cuenta con el embrujo de sus islas, de Rodas, de Creta, de Santorini, donde un volcán erupcionó hace treinta y siete siglos dejando un enorme cráter que es ahora una ensenada pletórica de yates, veleros y cruceros.

Y Grecia, más que en el mediodía europeo, es donde mejor se disfruta la dieta mediterránea, la cocina asentada sobre el aceite de oliva, el queso feta, verduras y legumbres frescas, corderos y pescado.

En el mercado de Atenas cuelgan innumerables cuerpos de corderitos degollados, listos para el horno. Al contemplarlos se piensa en los niños cristianos masacrados por mahometanos enloquecidos.

Por querer construir paraísos

se cae en los infiernos

Para evitar la insolvencia Grecia tiene que cumplir con una serie de condiciones impositivas, entre ellas elevar la edad de jubilación hasta los sesenta y siete años, subir los impuestos de bienes no esenciales y bajar impuestos aplicables a libros, alimentos básicos, medicinas y electricidad.

El Estado griego, inclusive, ha iniciado negociaciones para vender parte de su patrimonio histórico pero garantizando su permanencia y protección. Desde tal perspectiva, el que muchos tesoros de la antigüedad clásica se encuentren en museos de Europa y Estados Unidos, como la Venus de Milo y la Victoria de Samotracia, ambas en el Louvre de París, garantiza su conservación.

Pero el más importante legado griego a la humanidad es la tradición libertaria, la democracia como sistema político, el descubrimiento del espíritu, la lógica, el drama, la comedia y la poesía.

No en vano se dice que todas las escuelas de filosofía no pasan de ser notas al pie de los diálogos de Platón y las obras de Aristóteles.

Ya en el Siglo V, antes de Jesucristo, los atenienses cayeron bajo la maldición de los traficantes de ilusiones, que envenenaron sus mentes, les empujaron a guerras fratricidas, destruyeron sus libertades y al final los convirtieron en presa fácil de Roma, que dio el golpe final arrasando Corinto. Su grandeza se perdió para siempre...

Lo que deja una lección a los pueblos de hoy, como la expresó hace siglo y medio el poeta alemán Hoelderling: los infiernos sobre la tierra son el resultado de pretender construir paraísos, como está sucediendo en varias naciones europeas y a lo largo de Hispanoamérica.