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Gastaron millones de millones y sacaron menos votos que antes

Lo que debe quedar claro es que el triunfo no es mandato de nada, pues nunca a los votantes se les dijo que en juego estaba nuestro sistema de vida, la institucionalidad, las libertades individuales, la democracia y el orden de leyes

pesar de la campaña propagandística más costosa que se ha visto en país alguno, los rojos obtuvieron menos votos que la vez anterior, cincuenta mil menos, aunque los opositores perdieron doscientos cincuenta mil.

Hasta donde se puede determinar, la gente quedó empachada de la masiva propaganda, de ofrecimientos sin límite y del ruido electoral, así como está harta de los atascos y desorden provocados por un proyecto, el SITRAMSS, que en teoría iba a ser la "gran obra" con que el régimen culminara su gestión.

Y a causa también de lo que viene sucediendo y del gane comunista, los salvadoreños comunes están a punto de perder su mejor y con frecuencia la única arma para defenderse de abusos y atropellos: el voto, que está transformándose en el voto envilecido, igual que en Nicaragua y Venezuela.

¿Cuánto gastaron los rojos y el Alba en la campaña? ¿Cien o más millones de dólares? ¿Y de dónde vino ese dinero? Sólo de publicidad se calcula fueron sesenta, y a eso hay que sumar las denuncias sobre compra de votantes, amenazas a comunidades y personas por pandilleros, confusión para encontrar los sitios de votación, tardanzas en las entregas de urnas y el mucho miedo que hizo presa de varias localidades, lo que no sucede en las democracias.

Quieren experimentar con las vidas de los salvadoreños

Lo que debe quedar claro es que el triunfo no es mandato de nada, pues nunca a los votantes se les dijo que en juego estaba nuestro sistema de vida, la institucionalidad, las libertades individuales, la democracia y el orden de leyes.

No se les dijo tampoco que estaban en juego principios e instituciones fundamentales, aunque desde un inicio se viene actuando como bajo regímenes despóticos: coacciones a los adversarios, insultos y descalificación continua, censura y represión, nula transparencia en lo que se hace, aplanadoras legislativas y compra descarada de voluntades.

Más que triunfo, los resultados pueden verse como una gran decepción, pues lo que lograron fue que la mitad de los electores repudiaran a los partidos y a las votaciones, sin darse cuenta de que abstenerse es una forma de suicidio colectivo.

El candidato rojo viene pregonando, aquí y en las reuniones a las que asiste, lo que son sus modelos de organización social, los que pinta como exitosos y envidiables pero que son estrepitosos fracasos, fallidos experimentos con vidas y destinos humanos donde los únicos que están medio bien son los manipuladores. Y estos pasan encerrados en sus colonias y sus fortalezas; los encierros son una forma de cárcel, aun para los depravados.

Los salvadoreños somos víctimas de una imparable corrupción, de la inepcia que está afectando la economía y el empleo, de pésimos servicios públicos y de un endeudamiento ruinoso.