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Garrote en mano contra lo intrascendente

Imponer cárcel por "delitos contra el honor" es, como lo advirtió el diputado Portillo Cuadra, un castigo monstruosamente desproporcionado a la falta

No cesan las maniobras de los comunistas para amordazar, coaccionar y perseguir a quienes les critican, disienten o inclusive los insultan, a semejanza de las persecuciones por “blasfemia” que hacen los radicales islámicos contra quien se atreva a cuestionar algún pequeño pelo de la doctrina, al punto de condenar a muerte a un poeta, para luego cambiarle la pena capital por diez años de cárcel y 30 azotes debido a la indignación mundial.

Y al respecto vale recordar lo que dijo Solzhenitsyn del diferente trato que los soviéticos daban a sus críticos y lo aplicado a los criminales comunes: a los segundos los consideraban víctimas de la sociedad, de la “injusticia social”, mientras los primeros eran “blasfemos” en el peor sentido de la palabra.

Y de allí que cuando deportaban a Siberia a unos y otros, los disidentes iban hacinados en los ferrocarriles en las peores condiciones, mientras los delincuentes tenían alguna medida de comodidad...

Delito es delito, pero así como hay pecados mortales y pecados veniales, muchas veces los que se consideran “delitos contra el honor”, la gran ocurrencia actual, no pasan de equivaler a las clásicas insultadas de barrio.

Imponer cárcel por “delitos contra el honor” es, como lo advirtió el diputado Portillo Cuadra, un castigo monstruosamente desproporcionado a la falta. Que alguien diga que el ministro de asuntos espaciales es un imbécil, que le pega a la mujer y además pasó de vivir de pequeña casa alquilada a gran mansión como un personaje de todos conocido, no es para encarcelarlo por tres años.

 No lo es por sentido común y no lo es, como lo demostró el caso de Francisco Flores, porque ese encarcelado que no ha ido a juicio puede ser llevado a la muerte sometiéndolo a los peores vejámenes. Pues hay encarcelamientos de encarcelamientos y los peores se aplican a los que tengan la osadía de criticar a corruptos ligados a un despotismo.

Hay además una realidad que no se puede ignorar, y es que la gente honesta, las gremiales, los sectores productivos, los que verdaderamente tiene un nombre y un honor que proteger, solo en muy raros casos han demandado a quienes los difaman o insultan.

No hay gremial que proteste por las injuriosas diatribas que continuamente les lanzan los grupos radicales de izquierda.

Pero Stalin mandó a matar a más de seiscientos mil “disidentes” del partido comunista en los años treinta, al igual que los castristas condenan a veinte y treinta años de cárcel o al paredón, a quienes los critican...

Insultadores esporádicos y difamadores profesionales

En el toreo hay, al lado de los toreros y todo el gentío que organiza y participa, desde el propio diestro y fulgurante estrella de la tarde taurina, los llamados espontáneos, muchachos que se dejan llevar por la emoción, se tiran al ruedo con un pañuelo, se enfrentan al toro y luego, presas del pánico, huyen.

Hay en nuestras sociedades espontáneos que llevados por la indignación critican y pueden insultar, “insultadores” esporádicos que no se deben perseguir garrote en mano.

También están los difamadores profesionales que aprovechan las redes sociales para envenenar a las sociedades...