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El ganador recibirá un país muy emproblemado

Los salvadoreños tenemos que valernos de nuestras propias fuerzas y menguantes recursos para evitar caer en un desastre económico y social de impredecibles consecuencias, incluyendo desempleo masivo y hambre

Indistintamente del resultado de la elección de ayer –a la hora de escribir esta nota no se conocía— el panorama que presenta el país es poco alentador: bancarrota de hecho, desmoralización, violencia desenfrenada, una débil institucionalidad y una población en parte dividida y confundida.

A esto se suma otra realidad: un inminente desenlace de la caótica situación de Venezuela, lo que prácticamente está dando al traste con el esquema de Petrocaribe (el país, con inmensas reservas energéticas y de materias primas, está quebrado moral y económicamente), que cada vez está en menor capacidad para financiar, vía suministro de petróleo, los aventurismos políticos de la izquierda radical en el Hemisferio.

Los salvadoreños tenemos que valernos de nuestras propias fuerzas y menguantes recursos para evitar caer en un desastre económico y social de impredecibles consecuencias, incluyendo desempleo masivo y hambre.

En parte el sombrío panorama por delante demuestra que actitudes viscerales, sumado a pasmosas incompetencias de gobernantes y la falta de un proyecto sensato para desarrollar la economía y lograr alguna medida de crecimiento carcomen los fundamentos en los que se apoya un Estado moderno.

La conclusión natural es que se debe contar con un mínimo de reglas, principios y objetivos para cohesionar, a nivel país, lo que de por sí son siempre fuerzas que tienden a buscar sus propios caminos. Creer que puede existir capacidad para imponer un único curso es invitar a un estallido o a una implosión, a que se genere una enorme cárcava que todo lo aniquila, como está sucediendo en varias regiones de África y amenaza Venezuela.

No puede haber una fórmula mágica que resuelva la creciente debilidad de El Salvador como país, para retomar la marcha que tuvo hasta hace unos ocho años y que, pese a muchos factores negativos y primordialmente al permanente acoso de la izquierda comunista, mantenía la marcha e iba camino a situarse como una nación del Segundo Mundo.

O se gobierna para el crecimiento o se sufre el desastre

La permanente insultadera del Ejecutivo a los productores y negociantes del país ya comenzó a generar grietas profundas. Una de ellas, muy grave, es que los maquileros, que generan más de ochenta mil empleos directos y que gracias a esa contribución está cambiando la realidad de muchas comunidades antes retrasadas y débiles, han comenzado a explorar el traslado de sus actividades a Honduras, que ofrece un ambiente totalmente distinto y muy positivo a los emprendedores.

En este hecho se cumple una regla básica de la dinámica empresarial del mundo contemporáneo: nadie tiene por qué continuar metido en un ambiente hostil, persecutorio, si hay mejores alternativas. Y las opciones que presenta Honduras, que incluyen áreas territoriales abocadas al desarrollo de nuevas industrias y actividades, contrastan con la política de persecución y saqueo que el actual y fracasado régimen ha impuesto.

Quijano puede relanzar la economía e inclusive los rojos no tienen necesariamente que embarrancarse en sus iniciales proyectos, comenzando porque la quiebra venezolana y el inminente desplome del proyecto Petrocaribe sólo les deja una alternativa para no presidir sobre un Estado en quiebra: revertir políticas, fomentar el crecimiento económico y a partir de allí evitar un colapso nacional.

El cuadro invita a su complemento: que no cejen las fuerzas vivas del país en su esfuerzo por defender y fortalecer la institucionalidad y combatir la corrupción.