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Francia interviene en Malí para proteger a la civilización

La civilización está bajo ataque del islam radical al igual que del marxismo, del narcotráfico, del crimen organizado y de las redes internas y externas de la corrupción y el lavado de dinero

Tropas francesas han emprendido acciones militares para sostener el gobierno legítimo de Malí, un país más grande que Francia e Italia juntos, situado en el norte de África, de gran importancia estratégica para Europa y la civilización occidental.

Malí está bajo ataque de una secta fundamentalista islámica que pretende hacerse con el poder, establecer una teocracia absolutista, exterminar o echar fuera a grupos religiosos distintos a ellos y emprender acciones posteriores contra sus vecinos y "el bajo vientre" europeo, la región mediterránea.

En las semanas previas, los enloquecidos agresores han venido destruyendo mucho del patrimonio cultural y religioso de Malí, amenazando importantísimos monumentos de Timbuktu, calificados como "Tesoros de la Humanidad" por la UNESCO.

En Malí puede repetirse la salvajada que perpetraron los talibanes al destruir los Budas del Siglo V de Kandahar en Afganistán, alegando que el Corán prohíbe las imágenes, pese a que las esculturas eran anteriores al establecimiento del islam. Nadie puede dejar de estremecerse de lo que los fundamentalistas harían en Andalucía con templos y catedrales, como sucedió con los mosaicos que cubrían la Hagia Sophia, de Estambul.

La intervención francesa fue decidida en forma unilateral por el gobierno de Hollande, que no podía, ante la gravedad de la situación, esperar a que en las Naciones Unidas se acordara ayudar a Malí, más considerando las posibles negativas de los regímenes islámicos del Medio Oriente, también amenazados por grupos radicales.

Los Estados Unidos tienen una fuerte presencia en Asia pero no en África, a la inversa que los franceses, que han logrado sanar los resentimientos y desconfianza de su época colonialista y construir nuevos entendimientos.

En lo interno, Francia combate

la intolerancia y la servidumbre

Después de la intervención francesa, otros países africanos aglutinados en la ECOWASS, bajo la presidencia de Costa de Marfil, han acordado enviar contingentes armados a Malí para apoyar a su ejército y a los franceses.

Las bandas agresoras son parte de un ejército que fue armado y pagado por Gadafi para protegerse de su propia población, que al colapsar el régimen y ser linchado Gadafi, se adentraron en el Sahara y los países limítrofes, donde luego se han reagrupado y radicalizado.

Nadie en su sano juicio puede desestimar las pavorosas consecuencias que tendría el que bandas terroristas tomen control de un país, para luego emprender agresiones contra otros, en especial contra Europa. Los vínculos de los yihadistas que se tomaron los pozos de extracción de gas en Argelia, con Al Qaeda, también incluyen a los atacantes de Malí. Las primeras víctimas son los pobladores, que están siendo masacrados al oponerse a su avance.

La civilización está bajo el ataque del islam radical al igual que del marxismo, del narcotráfico, del crimen organizado y de las redes internas y externas de la corrupción y el lavado de dinero.

Piénsese sólo en el costo que para nuestras sociedades tiene mantener extensos sistemas de seguridad, tanto en tierra como para el transporte terrestre y en particular el aéreo desde que el triunfo de los comunistas en Cuba alentó los primeros secuestros de aviones, esto después del plagio en La Habana del excampeón de Fórmula Uno, Juan Manuel Fangio.

La acción francesa es consecuente con las medidas internas en Francia para erradicar la intolerancia y la servidumbre de las mujeres que profesan el islam, forzadas a ir cubiertas de pies a cabeza y a taparse el pelo con velos, capuchas y bufandas.