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En el fondo de prioridades están la salud y la educación

Siempre hay que separar lo que son sueños y altisonantes promesas, de las realidades alcanzables. Y la realidad actual, de violencia y amenaza a alumnos y comunidades, es la que debe guiar el esfuerzo educativo

Con el sobrepago de treinta y dos millones de dólares que CEL realizó, "por acuerdo mutuo y para evitar un arbitraje", en relación con el hoyo de El Chaparral, se habrían podido completar las asignaciones del sistema escolar e inclusive dejar un remanente para reparar muchos centros cuyas instalaciones se encuentran en mal estado, desde techos requeridos de reparación hasta falta de mobiliario o servicios sanitarios inmundos.

Como en todo, lo que un gobierno destina a las distintas áreas públicas, desde abastecer y reparar centros de Salud hasta pagar viajes en primera clase a funcionarios o diputados, todo es asunto de prioridades.

Y gobiernos de países pobres o, lo que es peor, empobrecidos, deben ser muy cuidadosos para que al tirar de la encogida colcha para cubrir la espalda, no queden los pies en el frío.

Los pies fríos son, desde hace rato, la salud y la educación. Y la educación, durante esté régimen, por las figuras nombradas para dirigirla, está mucho peor que antes.

A ello se suma que, en lugar de fortalecer el sistema escolar, reparar las escuelas y dar seguridad a los centros bajo asedio de pandillas, se disimula el creciente descalabro con vasos de leche y repartos de uniformes fabricados por artesanos a quienes no les pagan.

Pero además se emprenden programas que no son de real beneficio para el país y que no muestran logros positivos, como el de la alfabetización, que absorbe escasos recursos que necesitan los niños, para tratar de enseñar a leer a adultos que no tienen interés en aprender ni saben qué hacer con esos conocimientos si los llegaran a adquirir, por lo que se quedan como analfabetos funcionales.

No buscan educar, sino indoctrinar

a la juventud salvadoreña

El comunista, ahora candidato a la presidencia, inició su gestión suprimiendo de golpe y porrazo el programa EDUCO, un esfuerzo que se había asentado y que ganó galardones internacionales gracias a involucrar, en un mismo propósito, a maestros, alumnos y padres de familia. Los maestros respondían en parte a las comunidades, que se volvían garantes en una medida de la clase de enseñanza impartida, de la disciplina y orden en las aulas y de ver, en lo posible, como solventaban necesidades.

A su vez, los maestros se integraban mejor al entorno donde laboraban y donde también vivían, y lo que ahora se pregona de "consultas al pueblo", era con EDUCO una realidad, una integración de voluntades y esfuerzos.

La educación dejó de ser, como debe ser, un objetivo y logro de la escuela, la familia, los alumnos y, en una forma, los vecindarios, para caer en la jerarquización burocrática, valga decir el "verticalismo" donde el sabelotodo de arriba dispone del sistema, nombra y quita, premia y castiga no de acuerdo a méritos reales o logros alcanzados, sino siguiendo sus esquemas políticos. Y estos, en el caso que referimos, son llevar a cabo indoctrinamientos masivos de la juventud salvadoreña.

Y los pésimos resultados están a la vista: al no haber control real de las comunidades, vale decir de quienes cuidan al niño, lo alimentan, lo guían y lo defienden, las escuelas han ido cayendo en calamidad, como le está sucediendo al país entero.

Siempre hay que separar lo que son sueños y altisonantes promesas, de las realidades alcanzables. Y la realidad actual, de violencia y amenaza a alumnos y comunidades, es la que debe guiar el esfuerzo educativo.