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Filantropismo autosostenible para que siempre rinda fruto

El esfuerzo de la Fundación Kriete se enfoca en apoyar entidades y programas autosostenibles en el tiempo, que crezcan y amplíen sus beneficios sin dañar la economía de nadie ni menos la del país

El homenaje a Roberto Kriete ofrecido por Glasswing International es un reconocimiento a la solidaridad de unos con sus hermanos menos afortunados, a la caridad, al apoyo que pública o calladamente personas, grupos y asociaciones dan a la educación, al rescate de jóvenes descarriados, a la labor de artistas, al cuidado de desamparados.

Glasswing realiza extraordinarios programas como, a su vez, la Fundación que dirige Roberto Kriete viene premiando, y apoyando con muy importantes donativos, lo que muchos hacen por otros, la labor de tantos salvadoreños, de sus familias y de sus amigos a favor de gente en situación crítica, niños en abandono, familias sin techo.

"Ayudemos a quienes ayudan", es el programa de mayor envergadura en su género en nuestra región.

Cada año, decenas de entidades que realizan labores de beneficio social someten sus objetivos, sus logros y los pormenores de cómo llevan a cabo su labor, a la Fundación Kriete, que mide los alcances de lo que vienen realizando, la eficiencia de los métodos que utilizan y el impacto que tienen en la vida de familias y comunidades.

Muchos ayudan al pariente en dificultades, a la viuda que tiene que sostener a su familia, a la construcción de la parroquia del lugar, al hermano que debe pagar un tratamiento médico. Hay numerosas y conmovedoras historias, como la del grupo de amigos que, en forma anónima, depositaban dinero en la cuenta de uno de ellos caído en infortunio.

Pero la asistencia social independiente, que involucra a miles de personas, es, como todo esfuerzo ordenado y perdurable, un esquema productivo que administra recursos, que debe hacerlo con eficiencia y que tiene que ganar el reconocimiento y apoyo de su comunidad y del país.

Producen servicios, bienestar y una medida de paz colectiva.

La Fundación Kriete entrega donativos para que las entidades puedan ampliar sus labores, lo que es además un reconocimiento público para que sean reconocidos por los buenos ciudadanos.

La caridad institucionalizada está muy lejos del altruismo bíblico de "vender los propios bienes y repartirlos entre los pobres" para que pocos días más tarde los pobres sigan siendo pobres con un pobre más entre ellos.

No es caridad sino engaño, si se busca beneficio político

El esfuerzo de la Fundación Kriete se enfoca en apoyar entidades y programas autosostenibles en el tiempo, que crezcan y amplíen sus beneficios sin dañar la economía de nadie ni menos la del país.

El esquema, como en toda sociedad libre, se sostiene sobre decisiones voluntarias al igual que sus aportes; nadie es obligado a participar y nadie es forzado a contribuir.

Tampoco esa labor, infatigable en muchos casos, se lleva a cabo para publicitarse y obtener réditos políticos, como los repartos de zapatitos o de bolsas de semilla que se pagan con el saqueo fiscal del régimen, no con dineros que salen de sus bolsillos.

La caridad verdadera no busca beneficios personales ni consiste en ir por las calles del pueblo tirando monedas para que la pobre gente se lance a recogerlas en una garduña, sino que responde a un buen impulso, a la sana costumbre de ayudar, a ser premiado con una sonrisa.

Tampoco las caridades deben ser una tapadera de la corrupción, mendrugos que los opulentos ladrones de la nueva clase tiran sobre el país para disimular sus abusos y sus vicios.