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Se felicitan por salarios que otros deben pagar

Ya que quieren implantar el modelo cubano, que se fije un salario también a la cubana para todos los salvadoreños de treinta dólares al mes, indistintamente de lo que sea su oficio, desempeño o actividad...

El vocero del oficialismo respaldó la propuesta hecha durante la convención roja, de incrementar el salario mínimo, afirmando que “es necesario que los salvadoreños tengan mayor poder adquisitivo”, lo que, a su juicio, se lograría con un aumento en la tasa.  
 
Esto lleva a preguntar por qué no se fija un salario de veras “digno”, digamos cuatro mil dólares mensuales, o diez mil, incluyendo dos meses de vacaciones al año, reducir la jornada laboral a cuatro horas diarias, repartir leche en los lugares de trabajo y tantas otras cosas que se les pueden ocurrir a los miembros del gabinete.

O, ya que quieren implantar el modelo cubano, que se fije un salario también a la cubana para todos los salvadoreños de treinta dólares al mes, indistintamente de lo que sea su oficio, desempeño o actividad...

La igualdad en el hambre ha tenido como inesperada consecuencia, que entre los cubanos corrientes y molientes, los menos iguales que los de la cúpula, son raros los acomplejados sociales.

Otra interrogante: ¿van a aumentar proporcionalmente los salarios de los empleados públicos, nivelándolos con lo que devengan los activistas del partido? Sobre ese punto está muy interesado el personal del Ministerio de Gobernación, ante la contratación innecesaria de gente que llega ganando altos salarios sin que, hasta el momento, nadie sepa el motivo de que estén allí.

Puede ser que al fijar el salario mínimo los rojos calculen el costo que eso va a representar al tomarse todas las empresas del país en una noche de “cuchillos largos”, como sucedió cuando la Junta en 1980 invadió los bancos, las oficinas relacionadas con el comercio exterior y las tierras mejor trabajadas.

El vocero felicitó a la aplanadora legislativa “por haber sido sensibles a la necesidad del pueblo salvadoreño”, igualándose con ese pueblo.

La costumbre es, precisamente, esa: ellos son el pueblo y el pueblo son ellos, por lo que al caer encima de empleos, “millonarizarse” a lo Reyes y otros diputados, comprar propiedades, etcétera, es “el pueblo” el que se beneficia; las “cuatro por cuatro”, las residencias, los viajes continuos se hacen como “pueblo”, no como particulares. Y si  un padrino soborna a un funesto depravado, es el pueblo el que recibe la donación.
 

El problema de la delincuencia
proviene de los capitanes incapaces
 

El vocero siguió dándose palmaditas en su espalda. Al hablar del impuesto a las comunicaciones y del impuesto a las empresas, “la contribución especial”, dijo que es “un reconocimiento a la Policía Nacional Civil y a la Fuerza Armada, quienes empeñan la vida por garantizar la seguridad de los salvadoreños”. Son ellos los que hacen los patrullajes, se exponen a ser asesinados, tienen enfrentamientos con pandilleros, pasan acuartelados...  la gente en este país lo sabe y lo valora.

El problema es que la dirección de la lucha contra el crimen está en manos equivocadas, que van de fracaso en fracaso, que no consiguen quitar la iniciativa a los criminales, que vuelven una y otra vez a los mismos errores, comenzando por lo de las treguas y los extraños acercamientos en época electoral.

A ello que se suma la negativa de trabajar en conjunto con la región en el combate a la delincuencia.