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Fácil de resolver el problema: supriman las nuevas plazas

La irresponsable decisión de crear empleos a última hora, de proveer para los mantenidos, de incrementar la gente que está en la mamandurria, la toma el individuo al que no le cuesta, que no ha entendido el valor del dinero

Miles de nuevos empleos burocráticos "creó" el gobierno de Funes a inicios del año, una forma de abuso pues son canonjías, fuentes de ingreso a favoritos y favoritas que no las paga el Estado –ese ente imaginario con que se designa una estructura política–, sino todos los salvadoreños con sus impuestos o a través de precios más altos o carencias de toda naturaleza.

¿Por qué –te preguntas, estimado lector– están los gobiernos cargando altos precios por la luz eléctrica mientras tus ahorros para jubilación apenas ganan intereses? El motivo es simple: para sostener una burocracia que no se necesita, entre veinte mil y treinta mil nuevos empleos, incluyendo el último incremento a inicios del año, para activistas del partido oficial.

El gasto desmedido en cosas innecesarias, como lo denunció el nuevo Secretario de Cultura, quien encontró la institución barrida de dinero a causa de suntuosas oficinas que se hizo construir la antecesora, en un edificio que han tenido que abandonar.

Hay tres maneras de encarar esto de las veinte mil plazas innecesarias más las creadas en enero: una, lo que se ha venido haciendo: reducir los presupuestos de Salud Pública y Educación; la otra, que el previo mandatario pague esos salarios; la tercera, suprimir de golpe las plazas que se crearon en los últimos cinco años, los años del desastre. No tiene por qué la población cargar con lo que es una sinvergüenzada.

No hay para medicinas

pero sobra para las amigatelas

Esa es la "fábrica de empleos" de la que hablaba el previo gobernante cuando era candidato: empleos para activistas, empleos para las parentelas, empleos –y aquí se fueron de bolsa– para las amigatelas.

En esto de los empleos radica una de las diferencias esenciales entre cómo opera un gobierno y cómo se manejan las cosas en la vida real, real en el sentido de cómo se mueve la economía donde no hay subsidios como regla, hay competencia dura, hay que cubrir costos, hay que mantener clientelas...

Una empresa, sea esta la tienda de barrio o el fabricante de plásticos, tiene que justificar, ante sí misma o a sus socios, cada plaza, pues los salarios no sólo consisten en lo que el empleado recibe cada quincena, sino también a ello se debe agregar el costo de sus prestaciones, de sus días de descanso, de lo que se contribuye a su jubilación y el pago de horas extra, más el valor de toda la infraestructura, desde los camiones que transportan lo producido hasta las reservas financieras, el dinero para contingencias, el costo de la tecnología y así sucesivamente.

En tales circunstancias, las empresas están forzadas a contratar personal capaz de cubrir todos esos costos y además dejar beneficios para pagar futuras ampliaciones y cubrirse en los malos tiempos.

Es claro que la irresponsable decisión de crear empleos a última hora, de proveer para los mantenidos, de incrementar la gente que está en la mamandurria, la toma el individuo al que no le cuesta, que no ha entendido el valor del dinero y a quien le importa poco que un país en dificultades agregue a las cargas que soporta, o que es una manera de llegar a la igualdad convirtiendo a todos en pobres, como en Cuba y ahora en Venezuela.

¿Que no hay medicamentos para niños con leucemia o personas que sufren de presión alta? ¡Pero sobra dinero para seguir inflando la burocracia!