Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

Existen bandas terroristas porque hay quienes las financian

Una coalición de reinos y estados seglares del Oriente Medio están presionando a Qatar y a Kuwait para que den término al diabólico financiamiento y apoyo logístico de los yihadistas

Qatar, uno de los principados más opulentos del Golfo Pérsico y con quien el régimen salvadoreño mantiene relaciones diplomáticas, es, junto con Kuwait, un patrocinador y refugio de movimientos terroristas islámicos, desde los talibanes de Afganistán hasta AlQaeda, Hamás y la Hermandad Musulmana de Egipto, que fue desmantelada por el gobierno de ese país y varios de sus cabecillas condenados a muerte.

La última de las agrupaciones yihadistas que apoya Qatar es la de los enloquecidos del Isis, que vienen perpetrando los mayores espantos en lo que es una sucesión de atrocidades sin paralelo en los tiempos modernos. El Isis, uno de los sangrientos engendros de los meneos del expresidente Carter en la región, decapita prisioneros, persigue minorías incluyendo a las comunidades cristianas asentadas en Siria e Iraq desde los tiempos bíblicos, está destruyendo el patrimonio histórico, religioso y artístico de ambos países, mutila mujeres… nunca antes se presenció un período infernal como ese en el mundo moderno, que inclusive hace palidecer las depredaciones de sectas islámicas extremistas como las que quieren imponer sus dogmas en África.

En Qatar El Salvador sostiene una embajada, como decimos…

Contra ese patrocinio del terror, una coalición de reinos y estados seglares del Oriente Medio están presionando a Qatar y a Kuwait para que den término al diabólico financiamiento y apoyo logístico de los yihadistas.

Arabia Saudita, Jordania, Israel y Egipto entre otros estados se han unido para forzar un cese de los financiamientos, al mismo tiempo que la OTAN ha iniciado operaciones conjuntas para detener el avance del Isis y proteger a iraquíes, kurdos, cristianos y otras etnias de la infernal secta la que, según sus voceros, ha recibido "de dios" su mandato, que es establecer un califato islámico en partes de Siria e Iraq.

La envidia estuvo detrás del asesinato de Abel a manos de Caín

Lo que los extremistas han conseguido es la destrucción de Siria e Iraq, la permanente belicosidad de Afganistán, el desastre libio, el colapso de la economía en esas regiones, el empobrecimiento de Irán (que fue en los tiempos del Shah un país muy próspero), el aislamiento del Medio Oriente del resto del mundo, al que ahora amenazan a través de células durmientes de levantinos con ciudadanía inglesa, francesa y alemana, etcétera…

Los fundamentalistas islámicos son una corriente que busca retroceder mil cuatrocientos años en el tiempo, volver a los primeros califatos de absoluta intolerancia, incluyendo convertir a la mujer en un ente sin voluntad propia, sometida de cuerpo y alma.

Y lo que se enarbola como un logro del Islam, los reinos andaluces del medievo, son la excepción, una especie de rechazo a la doctrina fundamental que logró la convivencia esplendorosa de musulmanes, judíos y cristianos, un fenómeno sin predecentes en esos siglos.

La locura es imposible de extirpar, pues cada generación, cada pueblo, cada etapa histórica produce su amplia cosecha de trastornados mentales, se trate de castristas, talibanes o fanáticos de toda especie, pelambre y color. La quema de libros practicada por los nacionalsocialistas, las censuras de los comunistas, las masacres perpetradas por los talibanes, las matanzas que tienen lugar en África, son parte de las cabezas de la hidra del odio, de la ceguera mental, de la envidia.

El primer crimen bíblico, en el que Caín mata a su hermano Abel, fue causado por la envidia, como es la envidia la que mantiene al chavismo en el poder en Venezuela.